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Cooperativas, Comercio Justo, Oaxaca, Es apropiada la nueva ley de economía social para la renovación de las políticas de fomento de las cooperativas y de las entidades no lucrativas?, and Antropologia
El Comercio Justo en los Movimiento Sociales Transnacionales y los productores cafetaleros indígenas: el uso de valores solidarios en la búsqueda de la autogestión Horacio Almanza-Alcalde, arejuco@yahoo.com.mx MA in Anthropology of Development and Social Transformation Disertación, 2002 University of Sussex at Brighton.
Abstract Este documento explora a través del marco de movimientos sociales los puntos de la convergencia y digresión entre los actores del Movimiento del Comercio Justo, es decir, las Organizaciones de la Sociedad Civil de países del Norte interesadas en los mercados alternativos, y el proyecto campesino mexicano. La pregunta se centra en la manera como se llevan a cabo las relaciones de solidaridad entre los movimientos sociales del Norte y del Sur que son críticos del carácter excluyente del comercio dominante. En primer lugar se cuestiona si las formas de organización de ambas pueden ser conceptualizadas como movimientos sociales; en segundo lugar se hace un análisis crítico del grado del vinculación entre los movimientos del Norte y los del Sur que comparten las mismas demandas, y en tercer lugar se analizará el papel del uso de valores como estrategia y como fin en sí mismos, que enmarca el antagonismo entre actores opuestos. Se concluye que las iniciativas europeas que abogan por un comercio más equitativo abordan una antigua demanda de los movimientos campesinos latinoamericanos: el mejoramiento de las condiciones de acceso al mercado. Sin embargo, en su estrategia parece no haber canales de comunicación ó articulaciones visibles entre los movimientos sociales del norte y los del sur. Se sugiere que una interrelación más sólida podría generar mayor comunicación, dando así mayor coherencia y eficacia a la lucha de los movimientos por la equidad económica, social y cultural, en vez de repetir el esquema de dominación NorteSur al interior de las movimientos sociales. Índice. Reconocimientos 1. Introducción 2. Movimientos sociales transnacionales y las estrategias intangibles Teorización actual de los movimientos sociales transnacionales El papel de los valores en los movimientos sociales transnacionales El papel del comercio justo de los movimientos en la implementación de normas 3. El comercio Justo como movimiento Algunas consideraciones sobre la trayectoria del Mercado Justo Organizaciones de Etiquetado de Comercio Justo Internacional (FLO Int.) Valores simbólicos y el poder simbólica de los valores 4. La lucha de los movimientos campesinos por el control del proceso productivo Un acercamiento a los conceptos Un acercamiento al estudio del campesinado en México Algunos actores del movimiento campesino independiente Mercado agrícola y la demanda de mejores condiciones para la producción 5. Nociones globales y locales del comercio con justicia: Los estudios de caso de UCIRI y el movimiento comercio con justicia El contexto del café en México UCIRI (La Unión de Comunidades Autónomas de la Región del Istmo) El papel de la Iglesia El Movimiento por un Intercambio con Justicia 6. Consideraciones finales Acrónimos Bibliografía Notas
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Reconocimientos. Entre toda la gente y grupos que contribuyeron para alcanzar esta etapa final, quisiera agradecer en especial al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), a la Fundacion Hewlett, Ford, y McArthur, y por el apoyo financiero que proporcionaron para el programa de postgrado, así como al Instituto de Educación Internacional por la ayuda proporcionada antes, durante y después de los estudios académicos. También me encuentro muy agradecido por la asesoría y las sugerencias realizadas por mi supervisor Richard Wilson, por los investigadores Peter Luechtford y especialmente por Jutta Blauert, quien dio consejo profundo y comentarios sinceros para la finalización de este trabajo final. Expreso también mi gratitud a la gente de los grupos locales del WDM (World Development Movement) y de Christian Aid de Brighton, quiénes ofrecieron y proveyeron de su tiempo y experiencia en las entrevistas para las cuales contribuyeron amablemente. Sin embargo, cualquier error o inconsistencia no debe atribuirse a nadie mas que al autor de este documento. 1. Introducción La preocupación de este trabajo se centra en los efectos locales de las decisiones formuladas por las élites transnacionales en el terreno de la economía política global. La importancia del mercado en el escenario social se encuentra sufriendo un notable incremento, y al mismo tiempo muchos ángulos de su configuración están dando lugar a una serie de contradicciones e inequidades en diversos ámbitos humanos. En este contexto, es de esperarse una gran variedad de respuestas sociales tanto a las decisiones tomadas en las altas cúpulas económicas como a los procesos desatados por estas. Por ejemplo, un grupo de instituciones internacionales no electas como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se erigen en actores principales de la economía planetaria que entre otras funciones inducen a los países a la adopción de políticas de liberalización del mercado con el fin de sanear las finanzas internas. Públicamente se ha promovido una agenda de apertura comercial como la nueva panacea macroeconómica y a los países del llamado Tercer Mundo se les induce a eliminar barreras comerciales y subsidios como condición para el otorgamiento de préstamos como receta para la recuperación económica y al mismo tiempo como medio del Primer Mundo para acceder a las materias primas, productos básicos y al gran mercado que representan los consumidores de estos países. Por el otro lado los productores del Tercer Mundo encuentran cada vez más dificultades para acceder al mercado nacional, no reúnen las condiciones para que sus precios compitan con los de los grandes exportadores y sufren de manera creciente la implantación de políticas cada vez mas adversas al interior de sus propios países. Ante este panorama no les queda mas que mirar estupefactos como sus anteriores clientes optan por productos importados, baratos y subsidiados de mala calidad, y encontrándose cómo los países del norte promueven nuevos subsidios para la protección de sus propios productores. En este panorama la retórica del libre comercio parece modelada solamente para las grandes corporaciones, mientras las puertas del comercio para los pequeños productores parecen irse cerrando si no se vuelven “competitivos”. Aunque la demanda por mejores condiciones de producción ha sido una añeja lucha de los productores del sur, los efectos visibles de las políticas neo-liberales y otros problemas macroeconómicos como la deuda del tercer mundo, han estado ejerciendo mayor presión en los países pobres, especialmente entre su población marginada. Una serie de movimientos sociales emergentes ha enfocado su atención en abordar y atraer la
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atención hacia los efectos devastadores que la política económica global ha ejercido en las condiciones locales de los países del sur. Uno de los puntos de partida de esta movilización social a nivel mundial fue la primera gran crisis por deuda de un país en vías de desarrollo ocurrida en México el año de 1982. Ésta fue precisamente la época de la inauguración de las políticas neo-liberales en México. Un sexenio más tarde México es parte del Tratado de Libre Comercio de las Américas, mismo año, día y hora en que ocurre la sublevación del Ejército de Zapatista de Liberación Nacional, categorizada por Carlos Fuentes como el primer movimiento post-comunista del siglo XX (Rubio, 1996:156). Una réplica de la crisis de 1982 ocurrió el último mes de 1994. Para entonces, una movilización ciudadana transnacional discutía temas como la deuda externa, el libre comercio y el ajuste estructural. Irónicamente, también fue en México donde la holandesa Max Havelaar, y la cooperativa de campesinos indígenas del estado de Oaxaca establecen vínculos para convertirse en las organizaciones pioneras de comercio justo de café en el mundo. Luis Hernández señala que la aparición en países desarrollados de un movimiento de solidaridad con productores pequeños de naciones subdesarrolladas, con un creciente sentido ambiental, y concientes de la necesidad de conservar la biodiversidad, ha impulsado la aparición de nuevos mercados (s/f:1). Este documento explora a través del marco de movimientos sociales los puntos de convergencia y digresión entre los actores del Movimiento del Comercio Justo, es decir, las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC’s) de países del Norte interesadas en los mercados alternativos y el proyecto campesino mexicano. La pregunta se centra en la manera como se llevan a cabo las relaciones de solidaridad entre los movimientos sociales del Norte y del Sur que son críticos del carácter excluyente del comercio dominante. La primera sección consiste en una revisión de las perspectivas teóricas principales de los Movimientos Sociales Transnacionales (MST’s) y de su relación con la solidaridad. Destacará el papel de los valores dentro del esquema de las redes de defensa y de acción colectiva. La segunda sección, analizará la trayectoria y los resultados del mercado justo como movimiento social. Este análisis se integra con los casos individuales de las iniciativas de las OSC’s para proporcionar una forma paralela de negociación enfocada a incrementar el ingreso de los productores del Tercer Mundo. Esta discusión pone especial atención en la manera en que se coaligan distintas organizaciones, para dar pie a la formación de organizaciones certificadoras de productos agrícolas, quienes negociarán y discutirán el proceso de certificación con los productores del Tercer Mundo y el papel de los valores de solidaridad en él. La tercera sección examina la historia de las luchas campesinas por el control del proceso productivo en México. El énfasis en los productores latinoamericanos acentúa la importancia de sus propios esquemas conceptuales y políticos, lo cual es especialmente importante cuando una iniciativa externa se dirige a proporcionar o a promover alternativas de desarrollo, con el argumento de “mejorar” sus técnicas agrícolas, realizadas por generaciones de acuerdo a su conocimiento y experiencia ancestral. Se sugiere que no es suficiente considerar la participación del productor en el diseño de propuestas de desarrollo, sino que es necesario también contemplar su aspecto histórico y su proyecto político general en el diseño de cualquier iniciativa con objetivos solidarios. La cuarta sección analiza los casos de estudio de la Unión de Comunidades Indígenas de la Región de Istmo (UCIRI), organización de pequeños productores de café del sur de México, quienes adoptaron el modelo hacia donde ahora apunta el mercado justo. El trabajo colectivo les ha permitido mejorar substancialmente los precios del café, dando lugar a un proceso organizativo local donde se invierten estos recursos en servicios de salud, educación, transporte y adquisición de material y equipo para la producción de café. En la misma sección se analiza
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posteriormente el desarrollo del Movimiento por un Comercio con Justicia (TJM1), coalición europea de OSC’s que aborda el aspecto macro-estructural del comercio internacional, con el fin de llamar la atención y hacer conciencia de los efectos negativos causados sobre los productores del Tercer Mundo. Al mismo tiempo se realiza una crítica al grado de involucramiento del TJM con las bases productivas, y especialmente se subraya la necesidad de dar más importancia a la participación de movimientos sociales del Tercer Mundo dentro de su agenda. Se concluye que las agendas del mercado justo y del Movimiento por un Comercio con Justicia (TJM) coinciden estrechamente con el proyecto del movimiento campesino mexicano analizado en los estudios de caso, sin embargo, como ya se mencionó, quedan muchos aspectos por mejorar en términos de su grado de comunicación y enlace, así como de retroalimentación con los productores rurales. 2. Movimientos Transnacionales Solidarios y estrategias intangibles. Dentro de la teorización actual de los Movimientos Sociales Transnacionales, se podrían identificar dos esquemas principales: la Teoría de Movilización de Recursos (RMT) y en un menor grado la Teoría de los Nuevos Movimientos Sociales (TNM’s). Parecería que tanto una como otra parecen haber sido hechos para satisfacer tipos específicos de movilización social. La TNM’s, que procura reemplazar el análisis basado en cuestiones de clase, ha sido representada como centrada en agentes urbanos, en la producción de signos, significados y prácticas, en aspectos culturales de ámbitos como el ambientalismo, el pacifismo, los derechos de la mujer, los derechos de los gays, los derechos de las minorías, movimientos estudiantiles y juveniles; en pocas palabras en identidades múltiples y en el “¿por que?” (Escobar y Alvarez, 1992: 2; Alvarez, Dagnino y Escobar, 1998: 4, Edelman, 1999a: 17). La Teoría de Movilización de Recursos (TMR), a su vez, ha sido considerada como un paradigma orientado hacia las estrategias, y preocupada por el “¿cómo?”. En palabras de Edelman: la Teoría de Movilización de Recursos se ha enfocado en:
... la construcción de ‘industrias de los movimientos sociales’ compuesta por “organizaciones de movimientos sociales”, considerando a la acción colectiva principalmente como política de intereses de grupo llevada a cabo por grupos socialmente conectados en vez de aquellos más incipientes. Los “empresarios” de los movimientos tenían la tarea de movilizar recursos y canalizar el descontento en formas organizacionales. La disponibilidad de recursos y las estructuras de preferencias se convirtieron en los focos centrales de estas perspectivas. Las estructuras de disponibilidad y preferencia del recurso se convirtieron en los focos centrales de la perspectiva, mas que las bases estructurales del conflicto social... (Edelman, 2001: 289).
Asimismo el paradigma de TMR ha tendido a desatender las situaciones en las cuales los movimientos sociales, generalmente originados entre los más pobres, han emergido con pocos recursos o poca organización. Cuando ambos grupos, favorecidos y perjudicados económicamente convergen en forma de coaliciones entre sus constituyentes globales y locales, las posiciones encontradas al interior tenderán ó se verán forzadas al diálogo. De esta manera se puede dar lugar a perspectivas eclécticas que tomen ventaja de esta diversidad de formas de conceptualización de los fenómenos sociales sin oponerse uno al
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Por sus siglas en Inglés (Trade Justice Movement).
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otro y al mismo tiempo exponiendo la complejidad de las interacciones entre los movimientos, yendo más allá de esquemas aislados, y demandando diferentes perspectivas para abordar las complejas interacciones derivadas de estas formaciones transnacionales. Este trabajo utilizará alternativamente la variedad de definiciones derivadas de las teorías de TNM’s y de la TMR. Esta ultima será especialmente acentuada debido a la falta del desarrollo del TNM’s para abordar los aspectos globales y rurales de las luchas campesinas (Stammers, s/f: 4, Edelman, 1999a:17). No obstante la TNM’s está bien equipada para el análisis de valores y recursos simbólicos (Edelman, 2001: 289) mismos que son abordados en este documento. Mientras nuevas formas de política son creadas debido al fenómeno de la globalización, el cruce de fronteras y la interrelación con otras estructuras de acuerdo a diferentes formas de globalización (ej. la información), los movimientos sociales difícilmente podrían ser la excepción si es que quieren enfrentarse a fenómenos de esta escala. Se revisan aquí algunas teorías sobre la transnacionalización de los movimientos sociales para situar los estudios de caso dentro de los enfoques existentes, y se sugieren otras áreas para una exploración mas amplia en caso de ser superadas por las nuevas y cada vez mas diversas manifestaciones. 1. Teoría de Movilización de Recursos y las Redes Transnacionales Informales. La primera de estas áreas se relaciona con la Teoría de Movilización del Recursos. Olesen se basa en ella para su conceptualización del “Marco Transnacional”, afirmando que la aparición de una nueva forma de solidaridad transnacional, conocida como “Solidaridad mutua”, se manifiesta a través de redes informales (2001: 1). Estas Redes Transnacionales Informales de Solidaridad (RTIS) se construyen a través de ciertos “centros simbólicos”, y son expresiones del “contra-públicos”. Olesen subraya el concepto de “cadenas de equivalencia” como un proceso construido socialmente, opuesto a nociones auto-marginales de las políticas de la diferencia, por lo que, las RTIS son resultado de una construcción social. Según el autor, esto se explica mejor a través del concepto del “Marco”, construido por medio del análisis social de los movimientos como “...procesos de interpretación de la realidad y de su forma de sentirse agraviados a través de los cuales los movimientos sociales procuran obtener apoyo” (2001: 2-3). El autor adopta la definición del “Marco Transnacional”, para desarrollar su explicación sobre cómo las RTIS se construyen socialmente en este proceso. Según este esquema, son necesarios cuatro factores para asegurar un “Marco Transnacional” adecuado: - Adaptación a los sistemas de creencias de la sociedad, lo que implica cierto grado de sentido global, como manifestación previa de solidaridad o como algo construido durante el proceso. - La adopción de un “Esquema de Injusticia”, es decir, la definición un problema (los procesos de reestructuración neo-liberal en este caso) y la propuesta de una solución a través de la acción colectiva. - La coincidencia con un ‘Esquema Maestro’ (Master Frame) latente (en este caso, la extensión de ideas sobre los derechos humanos tras el final de la guerra fría), lo cual viene a ser considerado como una Oportunidad Política. - Credibilidad empírica y diseño de formas de medir las experiencias (ó compatibilidad con las experiencias de los potenciales grupos-objetivo) a través del Internet (Olesen, 2001: 3,14). 2. Oportunidades políticas y Opciones estratégicas J. Smith, R. Pagnucco y C. Chatfield elaboran otro marco teórico para el estudio de movimientos sociales transnacionales a la luz de la Teoría de la Movilización de Recursos. Ellos muestran que a pesar de la diversidad de agentes movilizados y de su grado de coordinación formal, las diversas oportunidades políticas que enfrentan en tres
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diversas arenas específicas influyen sobre sus opciones estratégicas. Por su parte, la intervención de los Movimientos Sociales Transnacionales en los procesos políticos nacionales, Inter-gubernamentales, y trans-gubernamentales alteran la percepción de los tomadores de decisiones, impactando de manera directa las políticas globales (1997: 59). Este impacto esta condicionado por sus estructuras de movilización; por las oportunidades políticas inherentes en los contextos nacionales, intergubernamentales, y no gubernamentales; así como por las estrategias para movilizar recursos (1997: 60). Las configuraciones mas elaboradas son las estructuras formales de movimientos, consistente en Organizaciones de Movimientos Transnacionales (OMT’s), Organizaciones de Movimientos Sociales (OMS’s) nacionales, y coaliciones transnacionales de ONG’s construidas para alcanzar compromisos específicos con el movimiento. En el caso de la integración de redes sociales informales, el concepto de “Redes Temáticas” ó “Issue Networks” es útil para explicar la importancia de la participación de conjuntos de activistas y organizaciones, de creadores de políticas, de funcionarios intergubernamentales, de medios y fundaciones. Habiéndose reunido para alcanzar un propósito común, estas redes contribuyen a la comunicación y a la coordinación de su estrategia, facilitando de tal modo la acción del movimiento (1997: 64-65). La idea de Estructuras de Oportunidad es desarrollada por Smith, Pagnucco y Chatfield en el contexto de MST’s, con el fin de remarcar que los factores mencionados en el ambiente político y social de los movimientos son claves para facilitar y/ó constreñir el cambio social. Estas oportunidades se estructuran en tres áreas principales de la toma de decisiones políticas: nacional, intergubernamental, y transgubernamental (1997:66-67). Otro factor además de las Estructuras de Movilización, y las Estructuras de Oportunidad, son las Estrategias del Movimiento, las cuales son decisiones tomadas para maximizar la eficacia de los esfuerzos colectivos con el fin afectar la creación de políticas o de otra manera, alterar el ambiente político (1997: 70-71). Las OMT’s poseen dos opciones estratégicas diferentes: En primer lugar las Estrategias de Movilización, que procuran atraer recursos y nuevos activistas; y en segundo lugar, las Estrategias de Acción, es decir, actividades que los movimientos sociales emplean como medio de influencia política (1997: 70-71). En un capítulo más adelante, este último elemento será importante para examinar el papel de los Movimientos Sociales Transnacionales enfocados a generar un cambio en las reglas del comercio mundial, especialmente respecto al señalamiento de los autores en el sentido de que las Organizaciones de Movimientos Sociales Transnacionales (OMST’s) sirven como “vehículos para la difusión de valores, de esquemas, tácticas, y de prácticas entre diversas poblaciones nacionales”. Los autores sugieren que las OMST’s influyen sobre los resultados de decisiones políticas globales de tres formas principales: atrayendo la atención de élites globales hacia asuntos específicos; aconsejando gobiernos sobre posibles problemas; y motivando la rendición de cuentas de los gobierno a través de su presencia, su interacción y la formación de procesos políticos generados por la propia política global (1997: 73-74). 3. El Altruismo Político En un tercer marco teórico, Marco Giugni y Florence Passy analiza los movimientos de solidaridad a través del concepto del Altruismo Político, que Passy define como todas aquellas acciones: a)Desempeñadas colectivamente, b) Que tiene un objetivo político y c) Que sus resultados son de beneficio para otros. Tales características podrían considerarse además dentro de la perspectiva de Bar-Tal (Passy, 2001:6), quien considera cinco condiciones para que se de el altruismo político: a) Deben beneficiar a otras personas, b) Deben ser realizadas voluntariamente, c) Deben ser realizadas intencionalmente, d) El beneficio debe ser la meta en sí misma, y e) Deben ser realizadas
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sin contar con ninguna recompensa externa. Passy compara las acciones llevadas a cabo por los movimientos de solidaridad con el altruismo político. Este último lo define como las “...acciones colectivas realizadas a nombre de la gente y construido sobre un resquicio político específico [...] esta embona en un ambiente social específico que le provee de recursos políticos y culturales...”, y al mismo tiempo interviene en otras áreas y niveles (Passy, 2001:6-8, 18). Los movimientos de solidaridad se basan así en recursos culturales y políticos, entendidos como Esquemas Maestros o “Master Frames” que enmarcan el ejemplo sobre los derechos humanos utilizado por Passy, y es útil también para los estudios de caso de la quinta sección de este documento:
El mundo cristiano provee al movimiento de la idea de ayudar a su vecino, proveyéndole de amor, ayuda, protección, y cuidado. Del componente humanista del siglo de las luces, el movimiento de solidaridad parte de un discurso coherente que pugna por el respeto de los derechos humanos y de las libertades individuales. Finalmente, el movimiento socialista en formación puso al frente el ideal de una sociedad más justa y más igualitaria (Passy, 2001: 8-9).
Passy define otra particularidad del movimiento solidario contemporáneo. Se mueve en los mismos niveles de intervención que cualquier otro movimiento social. Se dirige a gobiernos nacionales y autoridades locales, pero se distingue porque se mueve especialmente en el nivel internacional. El hecho de que el movimiento actúe a menudo a nombre de la gente en otros países ha facilitado su extensión hacia la arena internacional (2001: 12). Simone Baglioni analiza brevemente la evolución histórica de las Organizaciones de los Movimientos Solidarios (OMS’s), subrayando la importancia tanto de la caridad cristiana, como del liberalismo político en la construcción de dichas redes (2001:220). En ese tenor Giugni sostiene que la creencia y los valores religiosos son una de las causas principales de la participación en organizaciones y actividades no lucrativas (2001: 236, de Ranci), quizás debido al énfasis cristiano en ocuparse de otras personas y dar ayuda a personas o grupos excluidos, lo cual (entre otras motivaciones) proporciona una fuerte justificación, de la cuál se parte para obtener los recursos que se invertirán en el movimiento. Esta clase de tradiciones culturales o “Master Frames” provee al movimiento, no solamente de recursos culturales y simbólicos, sino también de recursos sociales, materiales y humanos. Tanto Giugni como Olesen (2001) concluyen que la lección más importante es que el comportamiento altruista es producto de situaciones y de circunstancias conocidas como relaciones sociales (Giugni, 2001: 236-237, 243). 4. Movimientos pragmáticos, pesimistas y transformacionalistas. En un cuarto acercamiento, C. Eschle y N. Stammers presentan una manera diferente de abordar la relación entre los movimientos sociales y el cambio global: una clasificación del estudio del activismo social de los movimientos de la siguiente manera: pragmáticos, pesimistas, y transformacionalistas. La perspectiva pragmática, identificada con perspectivas oficiales, se sustenta en la organización formal y considera el interfaz entre el estado y las organizaciones civiles como la base pacífica de vida política: la arena apropiada para la democracia y la fuente del cambio social a través de la formación de políticas. Los pesimistas, generalmente desde el enfoque marxista, post-estructural, y ecologista, consideran las OSC’s como aquellas que actúan en el nombre de los intereses dominantes de la política corporativa. En pocas palabras, consideran que las posibilidades de cambios radicales a nivel global son extremadamente limitadas. Los transformacionalistas a su vez, ven la acción global de los movimientos sociales y de sus organizaciones como un factor determinante para la emancipación y el cambio social. Dentro de esta última categoría la perspectiva utópica tiende a percibir unidad y
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homogeneidad en los movimientos sociales, su organización y sus metas; y el enfoque crítico transformacionalista... “es más sensible a las diferencias substantivas y de organización entre los movimientos y dentro de ellos, así como con los problemas del poder y las oligarquías” (Eschle y Stammers, s/f: 4-5). Los problemas subyacentes en cada una de estas perspectivas, incluyen las diferencias que se dan en las formas ideales de estos conceptos, la comprensión y la conceptualización de movimientos, redes, organizaciones, y niveles de acción; así como el descuido, principalmente por parte de los pragmatistas y los transformacionalistas, de las dinámicas y posibilidades oligárquicas y democráticas en el ámbito del activismo y las OMS’s (Ibíd.: 7-13). Los autores argumentan la factibilidad de adoptar una perspectiva multidimensional para el análisis de la globalización, sintetizando la conceptualización de esquemas fijos, y reconociendo “...las relaciones mutuamente constitutivas entre lo local y lo global”. Al mismo tiempo se señala la tendencia en el activismo formal e informal implicado en los MST’s para combinar en complejas configuraciones medios expresivos e instrumentales en la aplicación de sus estrategias, pero incluyendo un concepto de red de movimientos sociales y de “modos informales de activismo”. Eschle y Stammers destacan la distinción entre organizaciones y redes de interacción informales como constituyentes de movimientos sociales (Ibíd.: 24). En su análisis adoptan la definición de Diani sobre movimiento social, definido como “una red de interacciones informales entre una pluralidad de individuos, grupos y/o organizaciones, comprometidos con un conflicto cultural o político, con base en una identidad colectiva compartida” (Eschle y Stammers de Diani, 1992), agregando que “tales redes del movimiento deben de abarcar necesariamente grupos informales y un activismo extrainstitucional” (Eschle y Stammers, s/f: 16). Para los autores es necesario un acercamiento más ecléctico, con el fin de ir más allá de los límites teóricos y disciplinarios, así como para superar la dicotomía global-local e incluir mayor investigación de campo (Ibíd.: 24). El papel de los valores en los movimientos sociales transnacionales. Una preocupación central de este trabajo, es el papel de los valores como objetivo a alcanzar y como factor clave de los movimientos para el desarrollo e implementación de sus estrategias. Los valores han sido un factor importante no solamente para los objetivos de los Movimientos Sociales Transnacionales, sino también dentro de su propio contexto doméstico. Esta sección trata sobre un aspecto de los valores rara vez atendido con profundidad desde la academia o desde la misma práctica de los activistas. M.E. Keck y K. Sikkink, refiriéndose a la racionalidad o significado de las redes de activistas, resaltan que los académicos han sido lentos en reconocer “... la motivación por valores más que por preocupaciones materiales...” (1998: 2). Los autores encuentran que el papel de los valores es consistente con algunas discusiones dentro de la Teoría de los Nuevos Movimientos Sociales (1998: 31). Muchos investigadores asocian la noción de valores y solidaridad con los MST’s. Algunos de ellos consideran que las Organizaciones de MST’s sirven como vehículos para la difusión de valores, como una estrategia de su acción (Smith, Pagnucco y Chatfield, 1997: 72). Otros hablan de la presencia temprana de un Movimiento de Solidaridad, cuyo origen se asocia íntimamente con la caridad cristiana y con el liberalismo político; en este sentido, los Movimientos de Solidaridad representan “... un verdadero paso adelante hacia la creación de una conciencia global activa” (Baglioni, 2001: 220). Passy considera las acciones del Movimiento de Solidaridad como de altruismo político, puesto que tienen un claro objetivo político y son perseguidas para el beneficio de otras personas (2001: 7). Sydney Tarrow considera la solidaridad, como una de las distinciones y fortalezas de las
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formas de confrontación de la acción colectiva; aplicándolo tanto para grupos y situaciones particulares, como a culturas políticas (1994: 3). Para J.D. McCarthy la participación en movimientos más allá de las fronteras resulta en la formación de una auto-concepción en términos de identidad transnacional o de una mayor valorización de la solidaridad transnacional (1997: 248). L. Kriesberg destaca los procesos de difusión de valores y normas y la creciente tendencia de repartirlos a través de flujos multidireccionales, o de particularismos étnicos y religiosos que desafían la hegemonía cultural occidental (1997: 9). Otros autores analizan de manera más crítica el carácter solidario de los movimientos sociales. Charles Tilly, argumenta que un movimiento es más que las historias que cuenta el activista sobre las mismas; para él “los movimientos sociales... consisten en el desempeño delimitado, improvisado e interactivo por actores múltiples y cambiantes. Considerar a los MS’s como “solidarios, grupos coherentes, más que puñados de representaciones” puede en el mejor de los casos ser engañoso. P. Waterman desarrolla un marco mas elaborado para el análisis de la formación de la solidaridad global, sugiriendo que junto con la aparición de los procesos de globalización económica y política, emergió la solidaridad global:
Los nuevos proyectos de solidaridad global descienden y van mas allá de universalismos, liberales y socialistas; proponiendo no una vuelta a un pasado dorado e inmutable, ni un salto a un futuro perfecto -de aquí en adelante- sino permiten y requieren de un diálogo de civilizaciones y edades, de una solidaridad con pasado y futuro (1998: 231).
Dos desafíos enfrentan ambos tipos de integración. En primer lugar, está el riesgo de reproducir los universalismos de la misma manera que las “grandes narrativas” del judaísmo, el cristianismo, la ilustración europea, el liberalismo, y el socialismo, los cuales ofrecieron “...declaraciones universales de la realidad, los valores y la obligación, basados en asunciones o argumentos sobre el universo, la naturaleza, el hombre, la sociedad, etc”, a través de una dinámica de imposición de la verdad. En segundo lugar esta el riesgo de “producir o de reproducir un universalismo humanista sentimental” (1998: 231). La propuesta de Waterman es un concepto basado en la complejidad de la solidaridad. El actor asocia las nociones de la igualdad, libertad, paz, tolerancia, y los ideales de emancipación y protección de la vida. Esto es, aunque mediado por otras instituciones, una relación entre la gente y un dinámico proceso de diálogo sobre las diferencias o la creación de identidades, más que asumirlo como una noción ortodoxa de comunidad (1998: 235). Waterman desarrolla un marco de tales definiciones, reproducido a continuación.
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Tabla 2. Los significados de la solidaridad internacional (en Waterman, 1998: 236).
Definición Identidad Solidaridad de interés e identidad común Ejemplo histórico “Trabajadores del mundo ¡uníos!. No tienes nada que perder más que tus cadenas. Tenéis un mundo por ganar” Caridad y cooperación para el desarrollo Problema, riesgo o exclusión Universalista; exclusión de lo diferente; limitación de lo “politicamente-consciente”? Substitucionismo; solidaridad unilateral, con relaciones “patrón cliente” contenidas Decisiones sobre necesidades, deseos; valoración de ciertas cualidades, e intercambio de bienes Permite mas racionalidad instrumental, vacío de ética y emociones Inevitablemente particularista; amistad
Substitucion Levantando a aquellos imposibilitados de levantarse por si mismos
Complemen- Intercambio de diferentes tariedad cualidades y bienes necesario(a)s y deseado(a)s Reciprocidad Afinidad Intercambio a través del tiempo de cualidades y bienes idénticos Valores compartidos mas allá de fronteras, sentimientos, ideas e identidades Aceptación de responsabilidades por errores históricos
Intercambio de diferentes experiencias, ideas y productos culturales de emancipación Apoyo mutuo entre dockers londinenses y australianos, a finales del siglo XIX Solidaridad de pacifistas, socialistas, ecologistas e indígenas
Restitución
Compensación Soborno ó expiación de suiza por las culpas. ¿Reproducción víctimas de la culpa/ de complicidad con los nazisResentimiento?
Tres de las definiciones son particularmente relevantes para las discusiones de este documento. La noción de la substitución se refiere al “Levantarse o mantenerse por otro más débil o más pobre”, en una dinámica evocadora de esquemas de dependencia; la complementariedad a su vez se refiere a un intercambio de diversas cualidades deseadas y ausentes, que “... son equitativamente valoradas por los participantes en la transacción”; y la afinidad sugiere aprecio o atracción mutua, y por lo tanto una relación del respeto y ayuda mutuos basados en valores, sentimientos y amistad. Waterman concluye que tales manifestaciones complejas desafían nociones binarias o solidaridades unidireccionales, siendo de esta forma un instrumento útil de investigación para examinar el punto de vista de los participantes sobre la noción misma de solidaridad (1998: 237-238). I. Eterovic y J. Smith consideran que una nueva forma de acción política e identidad puede estar emergiendo, esta consistiría en una transición de las formas altruistas de políticas colectivas a un proceso diferente de solidaridad mutua. El altruismo, en sus tentativas de asistir y de apoyar a grupos subalternos en una relación de dependencia unidireccional está dando lugar a una relación diferente de intercambio intergrupal de solidaridad política. Una interacción más recíproca entre el “Norte” y el “Sur”
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(2001:198). Esta visión contrasta con la postura de Passy de equiparar los conceptos de altruismo y solidaridad (2001: 7). Eterovic y Smith introducen la cuestión de cómo el altruismo político ha “...afectado los cambios en la estructura global que ha llegado a transformar los Estados-Nación”. La pregunta sigue siendo en qué medida las formas actuales de asociación transnacional son aún producto inmóvil del altruismo político de tipo patrón-cliente, o si forman parte de una tendencia de cambio hacia relaciones más colaborativas e interdependientes (2001: 198). Estos problemas yacen en el centro de las reacciones a los procesos globales de liberalización económica y de los movimientos al interior tanto de sectores económicamente privilegiados como de países económicamente perjudicados. En este sentido, parece haber una brecha considerable entre los movimientos sociales transnacionales del “primer mundo” que abogan a nombre de la gente del tercer mundo, y de los movimientos sociales que emergen de los sectores económica y socialmente excluidos. El papel de los Movimientos Sociales Transnacionales en la implementación de normas. Entre las múltiples definiciones de los movimientos sociales, se encuentran algunas que categorizan de diferentes formas los objetivos y metas que mueven al activismo. A continuación se presenta una breve revisión de algunas de estas diversas clasificaciones principalmente en movimientos sociales de tipo transnacional. R. Cohen, usando del un modelo previo de Aberle y Wilson, sugiere cuatro clases de movimientos sociales a saber: transformativos, reformativos, redencionistas y alternativos (2000). Los transformativos se centran en el cambio estructural de manera violenta, como serían algunos grupos políticos radicales, o bien advierten de un inminente cambio de proporciones cataclísmicas, como los movimientos de origen religioso. Los movimientos de tipo reformativo se enfocan a un cambio parcial para intentar compensar las injusticias y desigualdades imperantes. Estos fomentan un cambio positivo removiendo tales lastres y creando un “...orden social más justo y una política más viable y eficaz” (Íbid). Generalmente este tipo de movimiento, aborda un solo problema como punto de partida en sus esfuerzos por reestructurar las políticas excluyentes. Por ejemplo el Jubileo 2000 (ver capítulo “El Movimiento por un Intercambio con Justicia”) se centró al principio en la reducción de la deuda externa de los países pobres. Después de un éxito considerable la estrategia se centró más adelante en cambiar las reglas del comercio mundial, dirigiéndose hacia las autoridades de organizaciones supranacionales como la OMC. Los movimientos redentivos, a su vez, se dirigen hacia un cambio individual interno. Este tipo de activismo se aborda desde la perspectiva de los Nuevos Movimientos Religiosos. Finalmente, Cohen describe los movimientos alternativos, aludiendo a “... los valores contraculturales, el rechazo del materialismo y al desarrollo de formas de vida poco convencionales características de una juventud occidental particular, un fenómeno que data de los años 60’s”. Más que proponerse a cambiar algún elemento del sistema, estos tienen como objetivo el desarrollar un modo de vida paralelo, viable y sostenible, de acuerdo a valores ecológicos y espirituales. Al tanto de la naturaleza cambiante de los fenómenos sociales, el autor apunta que ningún movimiento ajusta exactamente en cada casillero. Esta clasificación es un punto de partida útil para el análisis de elementos comunes entre los movimientos, y para la identificación de la falta de coincidencias entre ellos, lo cual es importante para introducirse al análisis siguiente sobre la relación entre diversas clases de movimientos que comparten objetivos y metas; pero que pueden diferenciarse en sus estrategias y recursos. Este trabajo se centra en los movimientos reformativos, principalmente en su orientación a ejercer presión directa para producir cambios en las políticas
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gubernamentales e intergubernamentales. Una de las estrategias mencionadas es el aglutinamiento de militantes que presionan por cambios en las políticas globales. A través de campañas de concienciación y educación a nivel transnacional, las Organizaciones de Movimientos Sociales Transnacionales (OMST’s) se relacionan con redes nacionales y locales para obtener apoyo público para sus demandas orientadas al diseño de políticas públicas (Eterovic Smith, 2001: 205; Kriesberg, 1997: 18, Keck y Sikkink, 1998:9). Su objetivo se orienta a “... relacionar las preocupaciones de los ciudadanos con las instituciones y los procesos globales”, diseminando información, y fomentando el involucramiento de la gente en estrategias de cambio social (Eterovic y Smith, 2001: 205). Esto, en palabras de Passy, es una faceta nueva en el trabajo de movimientos de solidaridad: dirigir sus acciones hacia la inclusión de “demandas políticas dirigidas a los depositarios del poder”; en contraste con el modelo anterior, caracterizado por acciones asistencialistas (Passy, 2001: 10). El cabildeo para realizar cambios en las políticas es una característica de las OSC’s ligadas a movimientos sociales y requiere de un flujo eficaz de información entre los miembros de MST’s, o como Keck y Sikkink lo llaman, de las redes de abogacía. En este sentido, una buena red de comunicaciones es no solamente necesaria para la difusión y el intercambio de valores, sin también para establecer las estrategias para la inclusión de estos en un sistemas de reglas. Asimismo sería necesario además un involucramiento más cercano con los sectores excluídos por los que se dice estar abogando y estableciendo representación. 3. El Comercio Justo visto como movimiento Actualmente los valores neo-liberales, cuyo nacimiento muchos sitúan en Bretton Woods, se consolidan y comienzan a prevalecer en la economía política a nivel mundial, y por consiguiente, en las políticas elaboradas por gobiernos y agencias multilaterales. Un ejemplo claro es el comercio mundial. En la opinión pública se fortalece la idea de que la distancia creciente entre ricos y pobres tiene una relación directa con la liberalización de los mercados. Actualmente no hay reunión de la Organización Mundial del Comercio (WTO) sin un foro o manifestación paralelos de oposición organizada por grupos y redes de OSC’s, grupos políticos, coaliciones, organizaciones campesinas, intelectuales y un creciente número de individuos. Este movimiento caracterizado por su heterogeneidad da muestra de estar adoptando objetivos cada vez más amplios, de mejorar su organización, y adquirir mayor profesionalización (por ejemplo el Foro Social Mundial en Porto Alegre). Sus demandas, a pesar de ser desestimadas en muchos países por los medios de comunicación, están siendo tomadas con mayor seriedad por sectores de la población cada vez mas amplios. Aunque el comercio mundial es un proceso que se comprende mejor en la arena global, sus efectos se sienten claramente en el nivel local. Una crítica común a la forma actual de globalización económica es que el comercio internacional ahora es manipulado por grandes intereses corporativos para satisfacer sus agendas, estableciendo y/o eliminando a su favor las reglas requeridas, afectando muchas veces el ingreso de los grupos más excluidos. Por ejemplo, se indica que 48 de los países más pobres del mundo participan en solamente el 0.4 % del comercio mundial. Desde los años 80s su ingreso se ha reducido a la mitad. Quinientas compañías multinacionales controlan casi dos terceras partes del comercio mundial, y las cinco compañías más grandes juntas generan ventas anuales mayores que los ingresos sumados de los 46 países más pobres del mundo (Curtis, 2001:1, Christian Aid, s/f; Willmore, 2002). El FMI y el Banco Mundial han sido duramente criticados por exigir a sus acreedores mayor liberalización comercial como
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condición para otorgar mayores préstamos; apertura que muchas veces no es adoptada por los países ricos al establecer barreras a sus importaciones (Oxfam, 2002). En este contexto toma relevancia la iniciativa del Comercio Justo, como un minisistema paralelo insertado en uno más grande, presentando una diversa gama de valores para demostrar que se puede hacer una diferencia en cuanto a los resultados finales del comercio. Esta sección tiene como objetivo el mirar al Comercio Justo desde una perspectiva diferente. Sin intentar hacer una crítica de sus debilidades, se trata de entenderlo como elemento de un movimiento más amplio, que este documento denominará Movimiento del Comercio Justo (MCJ). El análisis siguiente no se limita al ámbito de las Organizaciones de Intercambio Alternativo (OIA, ó ATO’s por sus siglas en inglés), sino que abarca una movilización más amplia, que a través de diversas acciones y con la adopción de valores comunes, está teniendo lugar fuera del marco dominante actual del comercio mundial. La sección examinará la manera en que la acción colectiva construye los instrumentos para abordar los resultados de implementar valores de competitividad, en vez de valores de cooperación y solidaridad, así como la manera en que este esfuerzo crece más allá de las fronteras políticas relacionándose con los grupos y movimientos directamente afectados y con los movimientos de base comunitaria que comparten la misma causa. Esta crítica se orienta hacia una definición limitada del llamado Movimiento del Comercio Justo, entendido solamente en su faceta de comercialización y certificación, soslayando la gran cantidad de creatividad ciudadana preocupada por los problemas globales, que a través de valores y practicas simbólicas cuestionan la estructura de valores del actual sistema económico. En este trabajo el MCJ será entendido, no simplemente en términos del valor económico que representa para el productor, sino en un contexto social y humano más amplio y abordando especialmente los valores no-económicos que se explicarán mas adelante2. Se incluirá el Mercado del Comercio Justo per se, con tres actores relevantes: los productores, los importadores y las iniciativas de certificación, e incluirá también los movimientos sociales que tienen como objetivo cambiar las reglas comerciales. 1. El mercado comercial justo se puede ver como un movimiento que implica no solamente “...la comercialización de productos a precios mayores que los del mercado “libre” ”, (Leclair, 2002:949), sino también como un proceso preocupado por las condiciones de producción tales como organización democrática, acceso a créditos, contratos de largo plazo, certeza en los precios, apoyo para los procesos de capacitación y aprendizaje, por mencionar algunos. Además se orienta a mantener al consumidor informado sobre estas condiciones (Barrat, 1993: 158; Beekman, 1998: 8). Los agentes en este nivel son los productores de países de “sur” (como productores y actores políticos), las Organizaciones de Intercambio Alternativo y las Organizaciones Certificadoras del Comercio Justo (OIA’s de etiquetado). 2. En segundo lugar entre los movimientos sociales que exigen un cambio en las reglas del comercio mundial se incluye el Movimiento por un Comercio con Justicia, definido como un movimiento integrado por OSC’s de países del norte que tienen como objetivo cambiar las reglas del comercio internacional dentro de la OMC (véase la sección 5); así como los movimientos campesinos principalmente de países del “Sur” (véase la sección 4). El factor común es la democratización de la producción y del comercio mundial basándose en valores tales como la solidaridad (opuesto a los valores del mercado libre), e incluyendo una gama amplia de actores de los niveles local y transnacional.
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Zadek y Tiffen subrayan el papel de los “valores y propósitos no-económicos”, y la importancia de atender “...a la gente como el fin y no el medio de la actividad económica” (2998:163-164), una posición que difiere de la limitada noción de pagar precios mas altos al productor, que a su vez pasa por alto la manera en que los movimientos campesinos y las redes de OSCs en el norte luchan por cambiar las reglas del comercio mundial.
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Algunas consideraciones sobre la trayectoria del Mercado Comercial Justo. Como L. Waridel (2002: 93) precisa, no es fácil decir cuándo comenzó el Movimiento del Comercio Justo o precisar si este se sitúa exclusivamente en el “Norte”. Ninguna de las fuentes revisadas sobre el fenómeno del Fair Trade menciona tales iniciativas al interior de los países del Sur. A través de relativamente poco material publicado sobre la historia del Movimiento del Comercio Justo, se realizó un análisis de su emergencia, que parece haberse dado a través de un modelo eurocéntrico. Hay espacio para realizar mayor investigación y hacer reconsideraciones sobre el enfoque. La siguiente revisión examinará las filosofías e ideologías detrás del movimiento. Los primeros datos disponibles sobre la existencia del intercambio alternativo lo ubican hacia el fin del siglo XIX, con el desarrollo del movimiento cooperativo en el Reino Unido e Italia. Su meta es y sigue siendo “…construir una economía cooperativa integrada, directamente de la producción a la venta al público” (IFAT, 2002). Otro registro de un intento organizado de comercio sin intermediarios es el de la antes Agencia Menonita de Desarrollo Internacional (actualmente denominada Comité Central Menonita), la cual fundó en Norteamérica la primera de sus Tiendas de Artesanías de AutoAyuda (Ahora conocida como 10 mil pueblos) en 1946. Se comenzó con la compra directa a artesanos latinoamericanos con la finalidad de educar a sus comunidades sobre “las inequidades del comercio internacional y la necesidad de pagar un precio justo a los productores”, además de crear empleos y generar fuentes de ingresos (Waridel, 2002: 93). El principio del movimiento en Europa se asocia a la fundación de una agencia de ayuda y desarrollo de juventudes católicas en Holanda en 1959 (Rice, 2001: 47), y con el lanzamiento por Oxfam, la agencia de ayuda mas grande de Gran Bretaña, de la OIA “Oxfam Trading” en 1965. La etapa de mediados de los 50’s a inicios de los 70’s representa lo que Tallontire llama el estadío de “venta de buena voluntad”, la cual “…comenzó con la venta de bienes por ONG’s producidos por gente con la cual trabajaron en proyectos de alivio y desarrollo” (2000: 167), distribuyendo los productos principalmente a través de redes informales (como ferias de artesanías, bazares de iglesia, y mercados públicos), siendo apoyados fuertemente por movimientos de solidaridad política. En este periodo comenzó el trabajo de algunas OIA’s como The Alternative Trade Organisatie en 1967 y Stichting Ideele (ambas de Holanda), y dependencias de comercio Estatales como el antes Gran Consejo Londinés, el cual estableció a Twin Trading en Gran Bretaña, importando productos de países del Tercer Mundo que libraban conflictos políticos y económicos tales como Viet Nam, Cabo Verde, Mozambique, Cuba y Nicaragua (Medina, 1997: 7; IFAT, 2002: 2; Waridel y Teitelbaum, 2002: 4; Barrat, 1992: 156). El periodo del “comercio solidario” de los años 70’s y el final de los 80’s se caracterizó por un tipo de solidaridad motivada políticamente hacia grupos de “productores organizados colectivamente o basados en países que explícitamente desafiaban el orden económico prevaleciente” (Tallontire, 2000: 167). Sin embargo, a finales de este periodo, muchas organizaciones llevaron a cabo sus primeros encuentros en la búsqueda de conjuntarse y organizarse con mayor eficiencia y efectividad (Como la European Fair Trade Association 3en 1990), para “...mejorar los medios de subsistencia de personas en desventaja a través del comercio, y proveyendo de un foro para el intercambio de información e ideas” (Federación Internacional de Intercambio Alternativo ó IFAT en 1989). La IFAT quedó establecida finalmente como una organización sombrilla sin ser en ningún momento un centro directriz” (IFAT, 2002: 2; Barrat, 1992: 157). En 1986, como resultado de una campaña nacional por el café dirigida por ONG’s holandesas junto con grupos políticos y religiosos para abordar la
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EFTA por sus siglas en inglés
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problemática de la demanda de café por los principales tostadores Holandeses, se fundó la primera OIA certificadora, Max Havelaar, creando una iniciativa de etiquetado que enfocó sus esfuerzos en el café con considerable éxito. Representantes de ONG’s y grupos de solidaridad internacional integran actualmente su junta directiva (Medina, 1997: 9; Waridel y Teitelbaum, 2002: 5). En tercer lugar, el “comercio de beneficio mutuo” de los años 90’s fue el resultado de la preocupación de las OIA’s en torno a “las necesidades de consumo y el balance de estas con las de los productores”, consolidando la relación con estos dos importantes actores de la cadena comercial del Comercio Justo y al mismo tiempo acentuando el trabajo en la promoción del producto y su vinculación con fuentes convencionales de comercialización (Tallontire, 2000: 168). Existe un interés particular en el incremento de las ventas, tanto como una forma de satisfacer la demanda de los productores para acceder al mercado comercial alternativo, o hasta cierto punto, incluir el medio ambiente en la agenda (Waridel y Teitelbaum, 2002: 5). Dos de las organizaciones de etiquetado mas fuertes brotaron a principios de este periodo: en 1994 la británica Fundación para el Comercio Justo (Fair Trade Foundation), y en 1992, la alemana Transfair Internacional, comenzando operaciones en Canadá (1994) y en Estados Unidos (1995). El movimiento comercial alternativo se basa en principios solidarios, en lugar de principios de competición, éxito individual, ó de los practicados por el sistema económico neoliberal imperante. Los actores que participan van desde la sociedad civil, las agencias gubernamentales, caridades religiosas, organizaciones políticas, y actualmente incluye corporaciones de mercadeo y otros actores del mercado convencional. Organizaciones De Etiquetado para el Comercio Justo Internacional (FLO International). En 1997, las tres iniciativas TransFair de certificación, Max Havelaar, y la Fundación para el Comercio Justo, junto con organizaciones de etiquetado suecas y finlandesas, y sus propias organizaciones satélites a través de Europa, América, y Asia4, se unieron para crear una organización sombrilla llamada Organizaciones de Etiquetado para el Comercio Justo Internacional5 con el fin de estandardizar el proceso de certificación (Waridel, 2002:96). La iniciativa tiene su origen en Bonn, Alemania y Utrecht, los Países Bajos, así como en sus 17 miembros, conocidos como iniciativas nacionales. Certifican actualmente café, té, azúcar, miel, plátanos, jugo de naranja, mangos, arroz, y chocolate; y se encuentra en proceso la inclusión de té, frutas secas al sol, vino, plantas ornamentales, balones deportivos, frutas frescas, y jugos de fruta. El objetivo general de FLO-Int es apoyar a productores desposeídos a alcanzar el desarrollo sustentable con el etiquetado de un producto comercial justo. La etiqueta permite al consumidor reconocer un producto comercial justo y por lo tanto, alienta el acceso del productor a los mercados internacionales en condiciones de equidad (Página Web FLO-Int). La certificación de FLO-Int aborda dos áreas esenciales: 1. Determina si los productores de países del sur alcanzan los estándares comerciales justos.
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Max Havelaar esta representada en Holanda, Bélgica, Suiza, Dinamarca, Noruega y Francia; TransFair Internacional, basada en Alemania, se encuentra también en Austria, Luxemburgo, Italia, Japón, Canada, y los Estados Unidos. La Fair Trade Foundation tiene su base en el Reino Unido e Irlanda; Finlandia y Suecia cuentan con sus propios procesos de certificación (Reilun Kaupan edistämisyhdistys ry, con base en Helsinki, y Föreningen för Rättvisemärkt, con base en Estocolmo) (Waridel y Teitelbaum, 2002:12, página web de FLO-Int). 5 Fair Trade Labelling Organisations International ó FLO-International por sus siglas en inglés
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2. Garantiza que las ventajas del comercio justo se estén invirtiendo en el desarrollo social y económico. 3. Controla a importadores registrados de FLO-Int para garantizar que las ventajas del comercio justo van directamente a los productores. 4. Garantiza que el sello de Comercio Justo se utilice exclusivamente para productos certificados con el sello de Comercio Justo (boletín FLO-Int, abril de 2002: 3). Esta iniciativa de etiquetado es el único sistema de certificación en el mundo, donde los productores no pagan su certificación. Los consumidores pagan un precio más elevado, incluyendo el pago por certificación y un extra que va directo a los productores (Página Web FLO-Int). Como Waridel precisa, “cada jugador en la cadena del Comercio Justo tiene un papel que llevar a cabo con respecto al respeto de las reglas convenidas del juego” (2002: 98). Un proceso de supervisión se realiza continuamente hacia productores e importadores; la producción y la comercialización se controlan estrictamente. En el caso del café, cada producto certificado debe encontrarse tanto en el registro de FLOInternational para cultivadores de café y a su vez contar con la etiqueta de certificación de Comercio Justo. Para alcanzar lo anterior, se requiere cumplir con los siguientes criterios: - Producción de pequeña escala - Manejo Democrático - Transparencia - Valores basados en la solidaridad - Independencia política y - Desarrollo Sostenible Para conseguir el sello de certificación, los productores, importadores, tostadores de café y comerciantes deben garantizar que se cumpla con los criterios siguientes: - Comercio directo (sin intermediarios) - Una relación de largo plazo - Precios mayores a los del mercado y - tener acceso a crédito (Waridel y Teitelbaum, 2002). FLO acaba de abrir el camino para que las iniciativas nacionales introduzcan al mercado el sello de certificación internacional de Comercio Justo. Éste es un logotipo común que puede ser reconocido por los consumidores y hacer más fácil el comercio transfronterizo (boletín de FLO-Int, abril de 2002: 3,5). En los primeros meses del 2002 FLO-Int fue reestructurado, y ahora la mitad de la junta directiva abarca productores e importadores6. Hay seis representantes de los productores e importadores, y seis representantes de las iniciativas nacionales (Boletín de FLO-Int, abril de 2002: 1). La primera lista de criterios demuestra que los valores basados en la solidaridad son un requerimiento necesario que requiere ser cumplido, entre otros tales como la democracia, la transparencia, la autonomía, y otros. La primer serie de criterios se basa principalmente en valores, en vez de condiciones concretas y fáciles de medir como en la segunda serie. Apoyándose en ciertos principios es, no sólo un mecanismo clave en la lógica del Comercio Justo, sino un elemento central en el análisis para una mejor comprensión del papel del mercado del Comercio Justo en términos de su propia demanda social. Los valores simbólicos y el poder simbólico de los valores.
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Hasta septiembre del 2002, existían cuatro representantes de los productores, provenientes de Perú, Tanzania, Sri Lanka y Brasil
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Cualquier consumidor que haya leído un folleto publicitario sobre el Comercio Justo donde se explique el funcionamiento del sistema sabe que pagará un precio más elevado que el de los productos equivalentes convencionales como uno de los mecanismos del Comercio Justo para que los productores del Tercer Mundo realicen una mejor transacción. Este sobre-precio se justifica a través del conjunto de valores simbólicos, ecológicos y sociales, los cuales, el consumidor espera que cada agencia de etiquetado verifique como una manera de asegurar una certificación honesta. La organización de etiquetado continuamente supervisa tanto al importador como al productor, y las cooperativas tienen sus propias reglas establecidas de manera interna. En suma, los valores parecen estar en la base de la razón mueve y justifica todo el aparato. En el mercado del Comercio Justo, los valores sociales y ecológicos se oponen a los principios del máximo ahorro para al consumidor y de máxima ganancia para el vendedor. Este último es el principio que sustenta al mercado capitalista dominante, no importando otros elementos como la calidad del producto, las condiciones humanas de producción, la distribución equitativa del beneficio etc. La función de los valores simbólicos, como la solidaridad, no solamente se ha entendido en términos de la demanda de los consumidores por el “respeto a ciertos valores sociales implicados en la producción” (Renard, 1999: 490-491), sino que es también parte del estímulo de un “consumo guiado por la identidad, donde la marca comprada es vista como una expresión de la propia personalidad (Sud, 1998:40); o inclusive como elemento dominante de la educación de los consumidores sobre “... otras culturas, un desarrollo económico más amplio, regímenes mundiales de comercio...”, entre otros (Tiffen y Zadek, 1998:165). González y Linck, por ejemplo, subrayan el papel que los valores simbólicos desempeñan en alentar la solidaridad de los consumidores, pagando más por un producto para contribuir positivamente a mejorar las condiciones de vida de las familias campesinas. Sin embargo, los autores argumentan que la definición de estándares que validan la incorporación de valores ecológicos y solidarios es altamente polémica (s/f). En su análisis de las reglas y de los valores éticos del Comercio Justo, González y Linck hacen una crítica a la manera en que la definición de criterios éticos parece reproducir algunos mecanismos de exclusión, puesto que la participación de los productores en la toma de decisiones es hasta cierto punto limitada. Tales estándares, apuntan los autores, se asumen como universales y establecidos fuera de la lógica y del territorio de las comunidades indígenas. Más que consolidar un selecto grupo de productores que satisfagan los criterios necesarios para lograr un desarrollo sostenible, se requiere encontrar una forma de reconocer la autonomía de los grupos productores para decidir su propia forma de lograr un desarrollo sostenible, basada en su propio sistema de valores; de otra forma las ventajas del sobreprecio continuarán estando limitadas a un número pequeño de grupos que sí logran satisfacer los requerimientos (s/f). No se especifica cómo esto se podría realizar en términos concretos y es también incierto si Gonzalez y Linck estaban al tanto de los ya mencionados cambios hechos a la junta directiva de FLO-International, quien designa a un comité de certificación como una unidad autónoma. Este último tiene representación de iniciativas nacionales, de OSC’s, expertos externos, comerciantes y de productores, donde “...toda organización productora y comercializadora tiene el derecho a apelar contra la decisión del Comité de Certificación” (boletín FLO-Int, 2002: 3). 4. Las luchas de los movimientos campesinos por la apropiación del proceso de producción.
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Un acercamiento a los conceptos. En esta sección no se repasará en profundidad el concepto de campesinado ni las categorizaciones asociadas a él, sino se desarrollará un conjunto de puntos de partida para enmarcar en términos amplios este acercamiento al carácter productivo del campesinado mexicano. Se tratará de demostrar, con algunos ejemplos, la manera en que el campesinado mexicano se ha organizado en movimientos tanto oficiales como independientes, en coaliciones o a través de esfuerzos aislados, por la apropiación del proceso productivo. Lo anterior incluye la lucha por condiciones equitativas y más justas en lo que concierne a la comercialización de sus productos. Según la diferenciación del campesinado a lo largo de América latina y de México mismo, es conveniente demostrar la manera en que los actores principales de la producción agrícola han sido definidos y conceptuados, para tener una mejor comprensión de su problemática social. E. Martínez define una organización de productores como un “proceso social cualitativo cuyo objetivo y fin en sí mismo es el desarrollo social y económico como la base para el desarrollo rural (1991: 12). En esta definición, Martínez trata de acentuar la noción de lucha campesina contra su dominación y explotación, puesto que ésta es una de las características conceptuales del campesinado. En este sentido, la organización productiva campesina es una de las estrategias fundamentales para alcanzar su propia constitución y consolidación como clase (1991:12). Una tipología de campesinado permite la comprensión de sus diferencias y desigualdades internas, permitiendo una visión de conjunto del lugar que ocupa entre los grupos excluidos de los países del tercer mundo. En términos de los productores asociados, este tipo de categoría campesina ha sido considerada comúnmente como de alto y medio potencial productivo. Sin embargo, dentro del ámbito de los productores, otro grupo de campesinos pobres tiene tierras de baja productividad, y su tarea es el incremento en las cosechas de exportación; el café es un ejemplo (1991: 43). Uno de los primeros y más influyentes acercamientos al análisis del campesinado es el de tipo marxista, incluyendo sus múltiples vertientes. Sus principales características en un inicio fueron por un lado un fuerte énfasis en el antagonismo de clase y por otro, su perspectiva histórica. En términos maoístas, el análisis se ha asociado al concepto del campesino, mientras desde el enfoque leninista, con la noción de proletario. Roger Bartra es uno de los autores más representativos de la perspectiva leninista. A veces ortodoxo e inspirado en los bolcheviques (Miller,1994: 170), la perspectiva de Bartra del proletariado rural consideró al campesinado como un simple modo de producción de mercancías subordinado al desarrollo capitalista. Esta perspectiva se conoce también, como la teoría descampesinista (Otero, 1999: 191; Edelman, 1999a: 204). Por otra parte, la perspectiva campesinista representada por autores como Armando Bartra, Arturo Warman, y Gustavo Esteva rechazaba el evolucionismo unilineal y la “inevitabilidad” del marxismo ortodoxo en torno a la desaparición del campesinado. Algunos de ellos argumentaban que “...era en principio a través de la lucha política, más que a través de la “lógica” del habitante rural o del sistema económico amplio, que los campesinos tuvieron históricamente garantizada su supervivencia” (Edelman, 1999a: 204). Esta discusión ha persistido por alrededor de 20 años, y recientemente aún se encontraba en curso. Debido a su enfoque específico en la re-conceptualización del campesinado en términos antropológicos, y su acento en la transnacionalización de los campesinos, el trabajo de Michael Kearney es relevante. Haciendo referencia principalmente a los procesos de migración, Kearney destaca el carácter transnacional de la identidad de la identidad de los sujetos del post- campesinado, en oposición a la influencia de los Estados-Nación para construir al campesino. Esta condición post-campesina difiere de la idea de una conexión esencial campesino-tierra en términos de sus actuales ligas con la
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problemática de los derechos humanos, la ecología política, y la pertenencia étnica. De la categoría de campesino emergen identidades múltiples, que han sido impuestas y asumidas por pueblos subalternos...”. Aunque siendo criticado para generalizar sus aserciones en cuanto a la desaparición del campesinado a partir del caso de una región de México (Edelman, 1999a: 205; Otero, 1999: 192), uno de los puntos de vista de Kearney es el inadecuado uso del término “campesino” para las condiciones sociales actuales. Ello es debido a la ampliación del campo de actividades campesinas hacia áreas diferentes a la agrícola. La transnacionalización de su condición, y la ampliación de su rango de participación cultural (Kearney, 1996: 8). El enfoque de A. Warman de los movimientos campesinos se orienta hacia una visión instrumental, entendiéndose estos como “aquellos que se originan, reclutan y sostienen en el ambiente rural, y que establecen demandas orientadas a alcanzar la persistencia y el crecimiento de los grupos productores, y que con una base territorial, tienen una relativa autonomía en el funcionamiento del proceso productivo” (1984:14). Ésta es una definición clásica que se debe entender en su contexto temprano, pero es útil para contrastar las nociones clásicas de la producción rural. Él autor describe en términos similares el concepto wolfiano de 1955, el cual contempla una forma de producción apoyada en los medios de producción campesinos para satisfacer sus necesidades básicas, mientras que complementan sus propios productos con un trato mínimo con el mercado. Éstas son normalmente unidades de producción pequeñas asociadas al trabajo sin jornales y a la meta principal de garantizar subsistencia, en contraste a cualquier otra forma de la acumulación (1978: 31). En el contexto latinoamericano, particularmente el de México, dos conceptos más se relacionan con las condiciones políticas específicas dentro del país. Es posible distinguir un par de movimientos campesinos: el de tipo oficial y el independiente. El movimiento oficial representa al sector corporativo con membresía en confederaciones campesinas directamente ligadas con el entonces partido en el poder (el Partido Revolucionario Institucional7) o con otras organizaciones de características similares (Flores, Paré y Sarmiento, 1988: 11). El movimiento independiente, aunque heterogéneo y con diferencias de enfoque internas, se encuentra generalmente en oposición a las instituciones oficiales, y tiene las siguientes características: preocupación por elaborar su propia estrategia rural de desarrollo como proyecto común; autonomía como organización; el rechazo a cualquier tentativa de adherirse a las estructuras corporativas; el ver por los intereses de su membresía más que por la aceptación incondicional de políticas rurales orientadas por el sector privado; y finalmente, la tentativa de desarrollar nuevas formas organización colectiva con la participación democrática de los pueblos. En suma, el tipo de relación con el Estado define la distinción entre los movimientos oficial e independiente (Flores, Paré y Sarmiento, 1988: 13-14). Algunos aspectos introductorios del campesinado en México. Esta sección no intenta realizar un resumen, sino resaltar tres momentos clave que han contribuido a modelar el carácter y el desarrollo del campesinado como un actor social, económico y político en el siglo 21. Para comprender la dinámica de los productores agrícolas, es conveniente primero, situarse en el contexto de la economía política global, cuyos procesos de expansión de capital resultaron en el logro de la autosuficiencia alimentaria en los países desarrollados y su pérdida en los países del tercer mundo. El papel de los llamados países subdesarrollados ha sido el de exportar materias primas y productos agrícolas
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Tras mantenerse en el poder por 71 años. El PRI perdió la elección presidencial en el año 2000, ante el partido de centro-derecha Partido Acción Nacional.
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comerciales hacia los países industrializados. En México, tras sufrir un giro en el que la demanda de productos básicos decayó drásticamente junto con sus precios, comenzó un proceso de desarticulación económica, en donde el país pasó de ser exportador a importador de productos agrícolas básicos, y donde un proceso de crisis económicas recurrentes comenzó a partir de 1976 (Martínez, 1991:21-22). En este contexto macroeconómico, el desarrollo de la producción agrícola ha tenido que hacer frente a las condiciones políticas del Estado-Nación mexicano, en una configuración en la cual, en adición a la capacidad de acción de los productores, se ha formado el carácter de el campesinado en México. Tres etapas críticas en esta historia nos ayudan a comprender la dinámica social actual de la producción y las consecuencias políticas derivadas de esta. Brevemente se describe a continuación: 1. Corporativismo . Un proceso de modernización agrícola comenzó a partir de la década de los 30’s, llegando a su auge en la década de los 60’s. Uno de los pilares de el sistema político mexicano es la organización institucional de los grupos mayoritarios, tales como el sector urbano-popular, los trabajadores, y los campesinos, en una interrelación con el Estado a través de la cual se encausó la movilización campesina para beneficio de sus propios intereses (Martínez, 1991: 28-29). 2. El Cardenismo. La administración presidencial del Gral. Lázaro Cárdenas a partir de 1934-1940 fue un período crucial cerca de 20 años después de la Revolución Mexicana, cuando se puso en marcha una distribución masiva de tierra por primera vez a través del ejido, así como un fuerte apoyo a la agricultura, a los campesinos, y a los agronegocios. En este período el Estado-Nación estaba finalmente consolidado bajo un proyecto de amplia participación popular, donde el proceso de corporativización tomó forma ampliándose así la base social gubernamental (Martínez, 1991:23). Como esta autora comenta:
El movimiento campesino acepta el establecimiento de una alianza con el Estado, el cual asume sus prioridades por sí mismo, es decir: distribuir la tierra y constituir el ejido y la comunidad como formas económicas y socio-políticas de organización par excellence en el campo. Sin embargo, con los cambios en el proyecto económico y político establecidos posteriormente al nivel estatal, esta relación, más que una alianza entre las fuerzas autónomas con ciertas convergencias de interés, se convierte en un sistema de control sobre el movimiento campesino (Martínez, 1991: 29)
El control corporativo, institucionalizado desde el periodo cardenista, fue representado por una organización creada en 1935, la CNC (Confederación Nacional Campesina) la cual fue un factor clave en la reducción de las posibilidades de conflicto social (Flores, Paré y Sarmiento, 1988: 32). Aunque el modelo neo-liberal minó el sistema corporativo, fue substituido, como Otero argumenta (a partir de Bartra, 1993), por una estructura neocorporativa apoyada por programas gubernamentales tales como el PRONASOL y el PROCAMPO anteriores. 3. La reforma neoliberal en México. Como de costumbre se subraya, en los estudios sobre los movimientos campesinos la demanda tradicional alrededor de la cual giran todos los proyectos políticos de los productores agrícolas es la demanda por la tierra. A este respecto, la figura del ejido ha jugado un papel fundamental de las luchas campesinas en el siglo 20. En primer lugar, la demanda de Zapata por tierra y libertad, fue uno de los ejes de la Revolución Mexicana; en segundo lugar, su materialización durante el mandato de Lázaro Cárdenas, trajo un largo período de control político, gran parte de él a través de la manipulación de tierra, subsidios y las relaciones patrón-cliente; y en tercer y último lugar, su desmantelamiento se alcanzó durante la reforma neo-liberal de Carlos Salinas de
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Gortari de 1988 a 1994, siendo continuada por su sucesor, Ernesto Zedillo de 1994 al 2000. Esta tendencia fue una de las principales razones del levantamiento indígena en Chiapas. La reforma a la ley agraria del presidente Salinas en 1992 se enfocó en tres aspectos principales: 1. El derecho a vender o rentar el ejido; 2. El fin de la distribución de tierras por el Estado, y 3. la ampliación del la extensión límite de territorio a operar por parte de corporaciones, es decir: “...mientras los límites de la tenencia individual de la tierra se mantuvieran en 100 hectáreas [...] las corporaciones podrían operar hasta 2500 has mientras al menos 25 individuos se asociaran como miembros, y ninguno de ellos excediera el límite individual de 100 has” (Otero, 1999: 193). Esta política venía acompañada por otras similares para distintos sectores, incluyendo la desregulación de la economía agrícola, la privatización de las empresas estatales, la eliminación de la mayoría de los subsidios, la restricción del crédito y el aseguramiento agrícola, y la liberalización del comercio a través del NAFTA. Este modelo aun representa, desafíos extraordinarios para el ejido y sus trabajadores; por un lado se libera del tutelaje Estatal, y por el otro es “despojado de toda ayuda del Estado” (Otero, 1999: 193). Al mismo tiempo profundiza los problemas estructurales del campo y mina las posibilidades de sobreponerse a ellos. Algunos actores en el movimiento campesino independiente. Al final de 1970, los primeros intentos comenzaron con la coordinación de un movimiento campesino nacional, y de esta década en delante, las luchas campesinas, por su aislamiento regional o por su grado de fuerza, adquirieron un carácter nacional. La lucha por la tierra y la formación de mayores centrales campesinas independientes se generalizó a lo largo del país. Para entonces el movimiento campesino se había consolidado como un fenómeno social constituido por la convergencia de luchas sociales y regionales (Martínez, 1991: 47; Rubio, 1996: 113). Este trabajo considera al movimiento independiente como el actor que, debido a su autonomía política y su falta de lazos de privilegio con el Estado, encarna las demandas y las necesidades de la mayoría de los trabajadores rurales y del sector agrícola en si mismo. Algunas organizaciones campesinas del movimiento autónomo se describen brevemente a continuación, debido a su relevancia social y política actual en el movimiento campesino e indígena del México rural. La CIOAC. La CIOAC (Central Independiente de Organizaciones Indígenas y Campesinas) nació como producto de la ruptura de una organización previa llamada la Central Independiente Campesina (CCI), la cual fue fundada en 1963 con la participación de miembros del Partido Comunista Mexicano (PCM). La CCI fue conformada desde sus inicios en su mayoría por líderes agrarios que habían intentado proveer una alternativa al sistema corporativista mexicano en el campo. Tras algunas divisiones promovidas por el gobierno dentro del CCI, la CIOAC fue fundada en 1975, encabezada por Danzos Palomino, quien había lidereado también la CCI. El líder estaba ligado al Partido Comunista Mexicano y empleaba la ocupación de tierras como una de sus estrategias principales. Desde 1976 la presencia política de CIOAC se incrementó, y adoptó un proyecto enfocado, no solo a la lucha por la tierra, sino principalmente a la formación de uniones campesinas por el crédito y la defensa del campesino como trabajador (Flores, Paré, y Sarmiento, 1988: 42, 92-93). Esta posición se derivó de una afinidad política con la ideología leninista, la cual consideraba al proletario como una clase con potencial revolucionario (Renard, s/f: 9).
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La CIOAC, debido a sus antiguos lazos con el PCM y después con el entonces PSUM (Partido Socialista Unificado de México), es una organización que pugna por una agenda global y un cambio hacia el socialismo. Pero esto no significa que el CCI y la CIOAC fueran los brazos campesinos de partidos políticos; de acuerdo a P. Mejía y S. Sarmiento, la CIOAC había sido siempre una organización amplia que defendía su independencia de los partidos políticos (1987: 213). La organización confronta actualmente al actual modelo de desarrollo rural, acentuando la incompatibilidad entre el sector social y la propiedad privada: el primero trabajando con recursos escasos, y el segundo enarbolando una agenda basada en el lucro. Al mismo tiempo, la CIOAC propone también, la expropiación de grandes porciones de tierras privadas utilizadas para la producción ganadera, con el objetivo de convertirla en propiedad social; así como la expropiación de la agroindustria de la alimentación y maquinaria (Flores, Paré y Sarmiento, 1988: 94-95). UNORCA. En 1983, diversas organizaciones campesinas, incluyendo alianzas y cooperativas, comenzaron a organizar encuentros con la finalidad de intercambiar experiencias y reflexionar sobre sus problemas y sobre la situación del campesinado en general. En 1985, el 7º encuentro tuvo lugar en Cuetzalan, Puebla, con la participación de 25 organizaciones de productores ejidales ligados al mercado externo, y formalmente fundaron Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas y Autónomas (UNORCA) (Martínez, 1991: 49-53; García, 1994: 63). La UNORCA “unió distintos grupos alrededor de demandas y acciones comunes, sin comprometer la autonomía de cada grupo” (Fox y Gordillo, 1989: 152). La unión fue estructurada a través un sistema horizontal de representación, con dos miembros de cada organización y sin ningún Comité Ejecutivo Nacional con el fin de evitar la concentración de la energía (Martínez, 1991: 49-53). Algunos de los asuntos discutidos en los encuentros se relacionan con problemas de abastecimiento, comercialización y con la forma de fijar precios de garantía en un nivel regional. La organización siguió una política de acuerdos con diferentes organizaciones como la CIOAC, y con algunos programas gubernamentales para satisfacer las necesidades básicas de abastecimiento de alimentos. Otra parte de la agenda fue la elaboración de planes de desarrollo regional, la discusión de reformas legales alternativas, y la demanda de autonomía y democratización tanto a través del diálogo como de medidas mas radicales como la movilización, el bloqueo de carreteras y la toma de oficinas gubernamentales. Las principales demandas de UNORCA son: “mejores precios de garantía, crédito, apoyo estatal para la apropiación campesina del proceso de producción, la comercialización, el abasto, la infraestructura y otros servicios diversos” (Martínez, 1991: 53-54, García, 1994: 63). Otro aspecto en el cual la unión se ha centrado es una estrategia de vivienda, la cual, en oposición al modelo de bienestar, privilegia la creación de empleos, particularmente el fortalecimiento de entrenamiento en “...Capacidad organizacional y directiva, así como capitalizar la construcción auto dirigida y la formación de compañías de construcción que puedan sobrevivir mas allá de la vida del proyecto” (Fox y Gordillo, 1989: 155). La UNORCA se ha convertido en uno de los mas importantes representantes del movimiento campesino en México. Martínez apunta:
El nivel orgánico y estructural que UNORCA ha alcanzado, lo hace uno de las organizaciones de campesinos no-oficiales de mayor importancia actualmente, evidenciando el hecho de que la organización del campesino como un productor ha sido una de las estrategias básicas del movimiento campesino (1991:54-55)
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De acuerdo a lo mencionado por García, uno de los aspectos mas notables de UNORCA es su experiencia en el campo de los proyectos productivos, el financiamiento del desarrollo rural, así como su comercialización nacional e internacional, la cual es especialmente relevante en el ambiente político de la reprivatización del sector rural, mientras el Estado se retira de su papel de apoyo del sector social (García, 1994:64). Ahora UNORCA es el representante mexicano en la organización campesina e internacional Vía Campesina, reseñada más abajo. COCEI. Con unos de los porcentajes más altos de población indígena, Oaxaca es uno de los estados más politizados de México en términos de luchas étnicas y campesinas contra la intervención estatal. Formada en 1973, la “Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo de Tehuantepec”, (COCEI) también incluye mujeres mercaderes e intelectuales zapotecos locales. La organización emergió como una “grande pero bien dirigida organización capaz de movilizar a más de 10 mil personas...al grado de lograr deponer al gobernador en 1977” (Campbell, 1994; Blauert y Guidi, 1992:193). En 1981 la COCEI ganó las elecciones municipales de Juchitán, convirtiéndose en uno de los primeros municipios gobernados por un partido de izquierda desde la Revolución Mexicana. Dos años más tarde, la organización fue derrocada por el gobierno y los miembros enfrentaron su encarcelamiento, pero regresaron al gobierno municipal en 1989, repitiendo su victoria en 1992. Durante este periodo Juchitán “...se convirtió en un conocido centro de uno de los movimientos culturales indígenas más activos de América Latina” (Campbell, 1994: XVI). La coalición fue apoyada principalmente por campesinos sin tierra y los pequeños propietarios más pobres, quienes estuvieron usualmente ligados a luchas por la propiedad comunal de la tierra. Algunos de los frentes donde se ha encontrado activa la coalición son la lucha por la democracia municipal, la demanda para la tierra, la demanda por la formación libre de sindicatos, el trabajo comunal, y la defensa de su propia cultura con la puesta en práctica de la educación según las características del grupo étnico (principalmente bilingüe y bicultural) (Mejía y Sarmiento, 1987: 123). La lucha de COCEI alrededor de la producción se centra en el crédito agrícola, el aseguramiento de cultivos, y principalmente en la disputa por la tierra. Ellos organizaron frecuentes invasiones de tierras y movilizaciones masivas para recuperar el territorio comunal. COCEI es también un miembro de la Coordinador Nacional “Plan de Ayala (CNPA), una de las coaliciones campesinas independientes más influyentes de México (Campbell, 1994: 191-192). La fuerza particular de la agenda de COCEI se ha asociado al agrarismo, así como al hecho de ser un proyecto étnico cultural en donde la oposición a la intervención extranjera y el combate a “poderosos enemigos de clase al interior de la comunidad” han sido características importantes de su estrategia (Campbell, 1994: 170171). La Vía Campesina. La Vía Campesina es un caso significativo para este análisis, pues es la tentativa más ambiciosa de crear una red campesina internacional como organización de cabildeo con la ayuda de activistas europeos, canadienses, e indígenas (Edelman, 2001: 305). En términos generales la organización enmarca las preocupaciones de una amplia gama de pequeños campesinos organizados, los cuales están la mayoría de las veces ligados a cuestiones locales, regionales y nacionales relativas a temas agrícolas en un contexto global. De acuerdo a su propia definición, la Vía Campesina es “...un movimiento internacional que coordina organizaciones campesinas de pequeños y medianos
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productores, trabajadores agrícolas, mujeres y comunidades indígenas de Asia, África, América y Europa”. La organización se considera a sí misma como un movimiento autónomo de organizaciones regionales y nacionales, independiente de denominaciones políticas, económicas o de otro tipo (Vía Campesina, 2002), y son considerados por algunos académicos como “quizás el mas grande y significativo movimiento social de agricultores en el mundo” (Desmarais, 2002: 103). La idea comenzó en 1992, cuando algunos líderes campesinos de Europa, Norte y Centro América se reunieron en Managua, Nicaragua. Su constitución oficial se llevó a cabo un año después en Mons Bélgica, durante el Primer Congreso Internacional de La Vía Campesina. En su Segundo Congreso en Tlaxcala, México, se analizó un conjunto de temas considerados de importancia central para los productores agrícolas, tales como: la Soberanía Alimentaria, la Reforma Agraria, el crédito y la deuda externa, la tecnología, la participación de las mujeres, el desarrollo rural, y otros que fueron añadidos posteriormente a la agenda como el comercio internacional, los derechos humanos, la biodiversidad, la bioseguridad y los recursos genéticos. Al mismo tiempo, la Vía Campesina tiene sus raíces en el rechazo a las políticas agrícolas neoliberales y la exclusión a la cual es sujeta la gente que trabaja la tierra, especialmente tras las negociaciones del GATT en agricultura. Los precios decrecientes de productos locales y la inundación en los mercados locales de alimentos importados de baja calidad y bajos costos se atribuyen a la liberalización forzada del comercio de productos agrícolas. Debido a ello, sus esfuerzos se enfocan a desarrollar “...alternativas al neoliberalismo y a hacer oír sus voces en futuras deliberaciones en agricultura y alimentos” (Desmarais, 2002: 96, 100). Un objetivo de Vía Campesina es alcanzar el principio de “Soberanía Alimentaria”, el cual se entiende como el derecho a producir sus propios alimentos en su propio territorio, como el núcleo de su proyecto alternativo de desarrollo agrícola”. En otras palabras, ello daría un giro en cuanto a quien define y determina el propósito y los términos en cuanto a conocimiento, investigación, tecnología, ciencia, producción y comercio relacionado con alimentación (Desmarais, 2002: 100). A este respecto, la Soberanía Alimentaria se distingue del concepto de Seguridad Alimentaria porque “...requiere el acompañamiento de la concepción amplia de la Vía Campesina de la reforma agraria”, lo cual no se limita a la redistribución de la tierra, sino que demanda una más profunda reforma en sistemas agrícolas para fortalecer la producción a pequeña escala y su comercialización. Aunque la coalición no se opone al comercio agrícola, se deja bien establecido que el principio central y el propósito de la producción agrícola es asegurar la Soberanía Alimentaria, en contraste con el acuerdo en políticas agrícolas diseñado por la OMC (Desmarais, 2002: 105,109). Como la autora subraya:
De lo que la Vía Campesina está hablando..es sobre la necesidad de construir culturas campesinas y economías basadas en principios “que no han desaparecido completamente”, tales como las obligaciones y los imperativos morales, la equidad, la justicia y la responsabilidad social. Esto, de acuerdo a Vía Campesina, es de lo que trata la construcción de la cultura y la comunidad rural (Ibid: 100).
La Vía Campesina destaca el papel de la ética y los valores como mecanismos concretos para un modelo alternativo (Desmarais, 2002: 100). Esto se hace de una forma diferente a como los campesinos diseñan sus estrategias y sus objetivos: desafiando las fronteras y la afinidad por proyectos políticos nacionales y basados en la comunidad, en un momento en el que “el enemigo se pierde de vista” (Magaña, 1993). La Vía Campesina detecta al enemigo en una dimensión transnacional, y actúa en consecuencia.
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La aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional obligó a replantear el marco de estudio de la problemática indígena, campesina, territorial y de derechos humanos. Sin embargo, como Rubio precisa, el EZLN no constituye, en sentido estricto, un movimiento campesino. Es un movimiento revolucionario con una base campesina e indígena que le da una dimensión nacional. Bajo las demandas del EZLN yacen muchos de los clamores que por muchos años han venido enarbolando los movimientos campesinos a lo largo del tiempo. Por ejemplo, entre las exigencias del EZLN para el sector rural se encuentran: - La revisión del Tratado de Libre Comercio con América del Norte - La cancelación de la reforma constitucional del artículo 27, referente al permiso de vender la tierra ejidal - Precios justos para los productos rurales (Rubio, 1996: 147, 153). El movimiento Zapatista es una configuración compleja que va más allá de los problemas del campo, orientándose hacia la oposición las prácticas políticas exclusionistas del neoliberalismo, y se encuentra ampliando su enfoque en la medida en que se diversifican sus relaciones con otros movimientos de resistencia cuya problemática se enmarca en otros contextos. Un acercamiento más profundo es necesario para el análisis de la presencia de la política campesina dentro del proyecto Zapatista. En suma, las luchas campesinas han estado íntimamente relacionadas con el aspecto de la producción, y ha luchado especialmente contra las inequidades que subyacen a las relaciones de producción, dentro de un proceso que incluye la producción misma, la comercialización, y el consumo, así como los efectos negativos provenientes de las nuevas políticas, y las actitudes autoritarias y excluyentes del sistema político. La comercialización y la demanda por mejores condiciones para la producción. Como Stavenhagen afirma, en la opinión tradicional del antropólogo el intercambio comercial de productos, además de trabajo asalariado, han sido vistos comúnmente como factores externos que amenazan la estabilidad y la autosuficiencia comunal, está última, considerada por mucho tiempo como la columna vertebral de las comunidades campesinas (1978: 27). Actualmente, el mercado ha sido una preocupación central para investigadores tanto de la producción como de la organización política campesina. Aunque en la actualidad, la economía campesina se encuentra cada vez más diversificada, los aspectos de la producción y la comercialización han sido por mucho tiempo considerados como mecanismos a través de los cuales la economía campesina se encuentra integrada. Uno de los problemas que por muchos años ha persistido, ha sido la falta de control del campesino sobre el proceso comercial en sí mismo, estando expuesto a un elevado rango de fluctuación de los precios y por lo tanto, a la actividad de los “intermediarios en posiciones de control monopólico”. Como resultado, los campesinos están forzados a vender sus productos a un precio mucho menor al precio real, y de la misma forma, el crédito y la asistencia técnica se hacen menos accesibles (Stavenhagen, 1978: 32; Mejía y Sarmiento, 1987: 19). Las demandas de campesinos e indígenas se encuentran principalmente enfocadas a cambiar las condiciones estructurales que general resultados tan negativos. Se busca el reconocimiento oficial de sus propias organizaciones y mayor participación en el diseño y aplicación de las políticas estatales hacia sus comunidades. Se pugna además por mayores facilidades de producción, mejores precios de garantía, eliminación de los intermediarios, comercio justo para sus productos, información sobre los mercados, crédito adecuado y oportuno, y asistencia técnica efectiva (Mejía y Sarmiento, 1987: 22, Edelman, 1999b: 332, 349). La lucha por obtener mejores precios se enmarcan en tres
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relaciones de intercambio distintas de acuerdo a Martínez a) venta del producto, b) compra de bienes de producción (consumo productivo), y c) consumo para la subsistencia (1991: 34). Por su parte, la lucha para el control democrático de la producción y de la comercialización se intensificó en los años 70 por la crisis del corporativismo de la CNC y la emergencia de organizaciones independientes. Sin embargo estas exigencias están basadas en una añeja demanda de las principales y más combativas organizaciones campesinas, tales como la CNPA (de la cual es miembro la COCEI), la CIOAC, y UNORCA. Ello incluye diversas estrategias para la comercialización directa de productos agrícolas, en aras de evitar intermediarios o coyotes (Mejía y Sarmiento, 1987: 209-210, 223, 273; Flores, Paré y Sarmiento, 1988: 20, 40). El control del proceso productivo abarca la producción, la comercialización, el consumo, así como las condiciones sociales generales de los campesinos, tales como la participación y la representación, la educación, la vivienda, y los servicios políticos. En suma, la capacidad de organizarse y convertirse en una fuerza social y política autónoma (Martínez, 1991: 15). Aunque se ha estado de acuerdo en que la tierra ha sido el tema central, las organizaciones del movimiento independiente han establecido que las luchas campesinas no finalizan con la obtención de tierra (Flores, Paré y Sarmiento, 1988: 169). Un ex representante de la UNORCA argumenta que, en lugar de quedarse en preocupaciones sobre la apropiación del proceso productivo, actualmente las principales demandas son de carácter social: salud, vivienda, educación (1993:1). Otero sugiere que en la última década las nuevas dimensiones añadidas a la demanda por la tierra, son la producción, el automanejo, la autonomía, y el territorio (1999: 188, 201). Estas opiniones se encuentran ligadas si se entienden en términos de la “apropiación del proceso productivo” definido por Martínez. Además, deben ser vistas en el contexto del movimiento independiente, donde las luchas mas importantes en la esfera de la producción han tenido lugar, y donde las organizaciones se caracterizan por sus relaciones (Flores, Paré y Sarmiento, 1988: 140, 143). Un ejemplo claro es la Vía Campesina, la cual establece como punto principal de su agenda una “...comprensiva reforma de los sistemas agrícolas a favor de la producción y el mercadeo de pequeña escala” (Desmarais, 2002:109); y al mismo tiempo ha establecido lazos de cooperación con una amplia gama de organizaciones. Martínez precisa que la estrategia campesina se encuentra basada en el logro y la consolidación de la autonomía en diversas dimensiones de la vida social: la política, la ideológica, y la económica. Esta última incluye tres vertientes estratégicas: a) autonomía comercial, manifiesta en la disposición de sus excedentes a través de canales de intercambio; b) autonomía financiera, permitiendo el control campesino sobre el crédito y los recursos financieros, así como sobre recursos para asegurar el control de la toma de decisiones para el desarrollo de la producción; y c) autonomía técnica, en términos de su propiedad de recursos técnicos para la creación de un proceso productivo propio (1991: 44). 3. Nociones locales y globales de justicia comercial: Los estudios de caso de UCIRI y el Movimiento por un Comercio con Justicia.
“Hasta que todos tengan lo suficiente, actualmente, no podemos demandar más de lo necesario”8. UCIRI.
El contexto del café en México.
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Van der Hoff y Galván (1998:133).
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Por muchos años, los precios del café fueron controlados por la Organización Internacional del Café (OIC)9, quien reguló precios a un nivel relativamente estable por arriba del que habría existido en un mercado no-regulado. Un aumento desmesurado en las reservas de café generó una grave crisis, mientras el consenso económico de la OIC fue echado abajo, y las instituciones reguladoras fueron desmanteladas. Los precios se desplomaron en 1989-1993, y después de una breve estabilización, la crisis se repitió en 1998 (Bartra, Cobo, Meza y Paz, 2002:1). Históricamente, los altibajos en los precios del café fueron producto de las fluctuaciones de la oferta debido a factores climáticos, pero desde 1988, se han asociado también a la especulación de la bolsa y al control sobre los mercados ejercido por un puñado de torrefactores transnacionales, así como a la acción de las organizaciones internacionales que financiaron la producción de café de rápida maduración, alta ganancia y baja calidad. El pronóstico no es favorable debido en buena medida a la continuación de una relación desordenada entre los países productores y al hecho de que el clima tiene menor efecto entre los grandes cultivadores (Bartra, Cobo, Meza y Paz, 2002: 1). México es el quinto productor más grande del café del mundo. El café se produce en más de 690 mil hectáreas en 12 estados, 400 municipios y más de 3,500 comunidades, además del cultivo de maíz, haba y sorgo. En buenos años las ganancias en moneda extranjera generada por las exportaciones del café llegaron a cerca de 800 millones de dólares, seguido sólo por las exportaciones de petróleo. El café es también una cultivo generado por pequeños propietarios; existen alrededor de 280 mil productores, de los cuales el 92% trabajan menos de 5 has y casi 200 mil usan 2 has o menos; 65% de estos pequeños productores de café son miembros de un grupo étnico (Bartra, Cobo, Meza y Paz, 2002: 2). En 1973, durante la administración del presidente Echeverría, fueron introducidas algunas políticas hacia la producción cafetalera con el fin de dinamizar la producción agrícola, en términos de la organización de ejidos colectivos, el aumento de los precios de garantía, y la creación y apoyo a instituciones para controlar intermediarismo (tales como Tabamex, Inmecafé y Proquivemex) (Flores, Paré y Sarmiento, 1988: 42). Inmecafé fue establecido en 1958 para proteger y mejorar el cultivo, el proceso, la industrialización y la comercialización del café mexicano, y fue un elemento clave del plan de Echeverría para “modernizar la producción de café a pequeña escala y aumentar la presencia de México en el mercado extranjero”. Entre otros, su papel era organizar el financiamiento de la producción de café, garantizar su compra y su exportación, y dirigir el crédito y la asistencia técnica hacia los productores pequeños. La reputación de Inmecafé se vio seriamente cuestionada poco antes de 1982; era considerada una paraestatal altamente burocrática e ineficaz en la provisión de ayuda para la cual fue creado. No pareció haber serio desacuerdo entre las organizaciones autónomas de productores cuando en 1989, durante el gobierno de Salinas, el papel de Inmecafé se redujo a “...dar asistencia a productores marginados, y poner las compañías paraestatales de tostadores de café a la venta” (Hernández y Celis, 1994: 219-220). Esta medida era parte de la política neo-liberal de desmantelar las instituciones estatales de corte social y de eliminar subsidios, dejando “a merced del mercado” a los productores de café que habían puesto su confianza en el gobierno como comprador (Mace, 1998: 18). La CNC continuó sirviendo como instrumento del Estado, aprovechándose de las necesidades de asistencia de los campesinos y obteniendo apoyo del PRI. Al mismo tiempo, algunas de las funciones llevadas a cabo por Inmecafé fueron asumidas por otros programas gubernamentales tales como Pronasol, que continuó su práctica clientelista de otorgar ayuda y créditos con propósitos electorales. Los productores se movilizaron contra
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CIO por sus siglas en inglés
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Inmecafé en la primera mitad de la década de los 80s, exigiendo un mayor pago por su café. Los productores de café forman una parte significativa de los movimientos campesinos en México. Su lucha alrededor de las condiciones de la producción se ejemplifica por la de los asalariados indígenas que trabajan en la producción de café en tierras privadas en Chiapas. Sus demandas son similares a las de las principales organizaciones campesinas independientes: la tenencia de la tierra, los derechos garantizados por la Ley Federal del Trabajo, libertad de organización sindical, y la protección de sus recursos naturales. Estos comenzaron una lucha por el reconocimiento oficial de su sindicato “Miguel de la Cruz” en 1980, la cual tuvo sus logros mas importantes hasta 1983 (Mejía y Sarmiento, 1987: 215-220). También se han llevado a cabo huelgas en las que se ha logrado un consenso y apoyo de una amplia gama de organizaciones, incluyendo organizaciones cafetaleras de segundo nivel (por ejemplo el Comité Coordinador Nacional de Organizaciones Cafetaleras, ó CNOC), de organizaciones independientes más amplias (como la CIOAC), e incluso de instituciones corporativas como la CNC. Estas se unieron desplegando una serie de huelgas de febrero a agosto de 1992 para demandar que el gobierno introdujera cambios para el apoyo al café, por ejemplo: un regreso al sistema de cuotas en el mercado internacional; la implementación de un plan para apoyar la producción de café; la renegociación de cartera vencida; la creación de una institución para dirigir la producción nacional con la participación de todos los involucrados en la cadena de producción, y la creación de un programa para promover el café mexicano. Ocho meses después de que la lucha comenzó, la mayoría de las demandas principales habían sido resueltas, incluso el apoyo al sistema de cuotas, que fue considerado previamente por el estado como incompatible con sus políticas de libre mercado (Hernández y Celis, 1994: 228-229). Un año antes, en 1991, la Unión de Productores de Café de la Frontera Sur (UNCAFESUR) se formó a nivel regional, como una alianza con afiliados locales del movimiento independiente y corporativo como la CIOAC, la CNC, y el Movimiento de Solidaridad Campesino Magisterial (SOCAMA). De acuerdo a Harvey, esta convergencia entre organizaciones independientes y oficiales alrededor de preocupaciones económicas “...representó el nuevo tipo de movimiento campesino promovido por los reformadores al interior del Estado y la UNORCA” (1998:194). El estado sureño de Oaxaca está habitado por una de las poblaciones indígenas de mayor diversidad en el país, con 16 grupos étnicos distintos que representan el 44 % del total (Blauert y Guidi, 1992: 190). Oaxaca ha sido escenario de importantes y dinámicos movimientos indígenas. Una gama de organizaciones tales como el ya mencionado COCEI, el Movimiento de Unificación y Lucha Trique (MULT), y la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona del Norte del Istmo (UCIZONI) dirigen sus esfuerzos para reafirmar la identidad étnica como un medio de alcanzar sus demandas (Norget, 1997: 14). La Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI). La Unión de Comunidades Indígenas de la Región de Istmo incluye a productores campesinos del café provenientes de 53 diferentes comunidades en las tierras bajas de la Sierra Juárez, principalmente del interior de cinco municipios. Casi la totalidad de sus miembros pertenecen a los grupos étnicos zapoteco (de la Sierra), mixe y chontal. UCIRI se fundó en 1984 y se encuentra registrado legalmente para exportar café y otros productos. La venta de café ha representado siempre una dificultad para los productores. Antes del establecimiento de Inmecafé, tenían que vender a los intermediarios a bajos precios, debido a la carencia de caminos a Ixtepec. Pronto, después de que algunas compañías forestales llegaron y construyeron más caminos, fueron expulsadas por las comunidades en 1977. Posteriormente fueron visitados por otros compradores de café y
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por Inmecafé, quienes abrieron centros de recepción de café y mejoraron los precios ligeramente. Sus problemas continuaron con Inmecafé, quienes les imponían continuos descuentos en sus pagos debido a la rigurosidad de los requerimientos. Con el banco se endeudaron además a causa de sus altas tasas de interés (Van der Hoff y Galvan, 1998: 129-130). Con el apoyo de un equipo misionero católico, UCIRI reflexionó su problemática productiva, y comenzó la búsqueda de otros compradores que ofrecieran mejores precios. Encontraron en Misantla, Veracruz una organización de productores de tercer nivel, también conocida como Asociación Regional de Interés Colectivo (ARIC) que ya estaba exportando café. Durante la cosecha de 1982-1983, junto con gente de Veracruz, Puebla y Chiapas se fundó una ARIC de nivel nacional, con base en México D.F. Aunque el precio se incrementó considerablemente, el pago llegaba considerable tiempo después de que el café era vendido, y en ocasiones pensaron en volver a vender al INMECAFÉ. Sin embargo continuaron intentando debido a que aprendieron a pesar y tostar el café, a hacer recibos y movilizar recursos (Van der Hoff y Galvan, 1998:131). En 1983, la ARIC se convirtió en UCIRI, que ya era para entonces una organización legal con membresía de cerca de 17 comunidades, y tras una intensa lucha, recibieron permiso para exportar. Antes de 1985, un grupo de agrónomos holandeses y alemanes, así como representantes del Mercado del Comercio Justo, invitados por activistas religiosos de base visitaron UCIRI y se interesaron en apoyar su lucha (Van der Hoff y Galván, 1998: 131). Durante su visita se discutió el potencial económico y las ventajas ecológicas del café orgánico. Ello resultó en la decisión de UCIRI de optar por la producción orgánica y vender a los mercados holandeses y alemanes, específicamente con el establecimiento de una relación con dos OIA’s: GEPA y Max Havelaar. Actualmente UCIRI le vende a mas de 10 organizaciones de siete países (Mace, 1998: 22). Porter señala que los misioneros oaxaqueños “... han establecido relaciones entre la organización y algunas OIA’s, lo que ha sido vital para el éxito de UCIRI” (1987, citado por Mace, 1998: 22). De 773,000 kilos de café producidos en la cosecha de 1996-1997, 90% se fue al mercado alternativo, mientras el resto permaneció en México (Ibíd.). Las comunidades que pertenecen a UCIRI no confían solamente en el café para resolver sus necesidades de sustento, junto a este, cultivan para el autoconsumo, maíz, frijol, chile, hortalizas y árboles frutales que incluyen, naranja, limón, plátano, aguacate, chicozapote, zapote negro, mamey, mango, etc. Además trabajan para mejorar sus tierras y sus sistemas de producción, en vez de incrementar su área de cultivo (Van der Hoff y Galván, 1998: 129,132). UCIRI considera que los principales logros de su forma de organización son: 1) la habilidad y experiencia para exportar, hacer contratos y ofrecer café a una amplia gama de clientes a nivel nacional, y vender a mejores precios a través del mundo por medio del mercado del Comercio Justo; 2) la construcción de infraestructura como tostadoras, almacenes, transporte, tiendas de abasto, servicios de salud, y la capacitación de campesinos jóvenes en tecnologías orgánicas; 3) la creación de redes de organizaciones de pequeños productores independientes; d) el establecimiento de un fondo de solidaridad cooperativo para la adquisición de bienes de consumo y equipo; y 4) la provisión de apoyo para crédito (Van der Hoff y Galván, 1998: 135-136). Entre algunos elementos importantes de la infraestructura levantada por UCIRI se incluye una ferretería, la cual provee de acceso a equipo apropiado a bajos costos; una bodega para almacenar y preparar el café para exportación y la consolidación de la capacidad para tostar café. De esta forma se obtendrían mejores ganancias y eventualmente se exportaría de acuerdo a los sabores europeos. Finalmente se construiría un Centro para la Educación Campesina (CEC), con el fin de proveer de
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entrenamiento para el desarrollo de habilidades para la producción orgánica a través de cursos de 13 meses (Van der Hoff y Galván, 1998: 135-136). Mace observó que la opinión de los miembros de UCIRI sobre el Mercado del Comercio Justo era ampliamente favorable. El trabajo subraya la habilidad de las OIA’s para exportar café, su apoyo para la producción de café orgánico y el extra obtenido (5 a 10 pesos por kilo) al producir y vender un producto orgánico, la estabilidad en los precios, y el apoyo a proyectos. En general los productores coinciden en que el mercado del Comercio Justo era realmente justo (1998:31). Desde su involucramiento en el Mercado del Comercio Justo, los ingresos de los 53 poblados miembros y de 3,000 campesinos se han duplicado (Equal Exchange, 2002), o aún triplicado (de un ingreso anual de $280 dólares en 1983 han pasado a $860 dólares en 1999) (ONU, 2000). UCIRI es considerado por algunos, como el primer grupo de campesinos en exportar café a través del modelo del Comercio Justo en el mundo (Equal Exchange, 2002). Se considera que han alcanzado la capitalización propia y una de los principales metas de los movimientos campesinos mexicanos: la apropiación del proceso productivo, lo que ha dado por resultado la autosuficiencia (Norget, 1997: 10). UCIRI cuenta con una organización democrática que incorpora elementos de los sistemas de gobierno indígenas locales, lo cual ha sido un factor clave que ha contribuido a su éxito (FAO, 2002). Su estructura interna es simbolizada por un árbol. Las familias se representan por las raíces, los delegados electos por cada comunidad por el tronco y el trabajo y los proyectos de la unión por las ramas. Los frutos producidos corresponden al fruto de su trabajo (Equal Exchange, 2002). UCIRI también ha sido un ejemplo influyente para otras organizaciones en los estados del sur y sureste de México (Oaxaca, Guerrero, Puebla, y Chiapas) así como para organizaciones de Guatemala y Nicaragua (FAO, 2002). Para el caso de Chiapas, UCIRI ayudó a la exitosa cooperativa cafetalera ISMAM (Indígenas de la Sierra Madre de Motozintla “San Labrador”) en la comercialización de su primer café certificado en 1988 y en la obtención de un contacto (o cliente) para la comercialización de café orgánico. También ayudaron a la Unión de Ejidos de la Selva a establecer lazos con la organización de certificación Max Havelaar (Hernández y Nigh, 1998: 143; Nigh, 1997: 432-433; Harvey, 1998: 193). El papel de la iglesia. La historia de UCIRI ha estado estrechamente ligada a un equipo de misioneros católicos y especialmente al sacerdote holandés Frans Van der Hoff, quien se estableció en la región en 1980. Aunque los productores ya se encontraban envueltos en su propio proceso de organización, Van der Hoff, impulsó una dinámica de reflexión al interior de las comunidades sobre las causas que subyacían a su problemática como cafeticultores. Este proceso resultó, entre otras cosas, en el descubrimiento de la importancia de valorar su producto, permitiéndoles optar por compradores de café alternativos a través de los cuales se obtienen mejores precios. UCIRI se fundó en 1983, y en 1985 recibió la visita de Nico Roozen representando a la OIA holandesa “Solidaridad”. Este contacto fue no sólo clave para el acceso de UCIRI al mercado del Comercio Justo, sino fue también la base para la fundación de la primera organización certificadora de Comercio Justo, Max Havelaar, la cual enfocó sus esfuerzos inicialmente en el café (Van der Hoff y Galván, 1998:130; Roozen y Van der Hoff, 2001: 34). Como Mace precisa:
En Oaxaca, la necesidad de los habitantes indígenas ha orientado su atención hacia un clero progresista que emplea la teología de la liberación para apoyar movimientos sociales rurales. Una misión común entre los teólogos de la liberación
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es empoderar a la población indígena desvalida y asistirle para que sean los sujetos de su propio desarrollo... (1998: 22)
La relaciones con los misioneros y las OIA’s fueron importantes, también, para que la producción se orientara hacia los métodos orgánicos. Como Norget sugiere, al centro de la ideología de UCIRI se encuentra “...una acentuación de cualidades consideradas como integrales para la cultural indígena” (1997: 11). Los métodos orgánicos, aunque introducidos por europeos, son similares a sus técnicas agrícolas ancestrales, practicadas antes de la llegada de la “revolución verde”, donde se generalizó el uso de agroquímicos. Lo orgánico también es consistente con el respeto indígena por la tierra, el bosque, y todos los seres vivientes – de naturaleza sagrada o terrena- que la habitan. A la vez, la orientación de la teología que motiva los esfuerzos de la organización tiene también resonancia con las nociones locales de trabajo comunal organizado, ayuda mutua, y reciprocidad, conocido tradicionalmente como “tequio”. Parte de la filosofía de UCIRI es la continuación de los sistemas de toma de decisiones basados en la institución indígena de “usos y costumbres”, la cual aunque algunas veces asociada a los tiempos de la colonia, es ampliamente reconocida como un proceso democrático de elaboración de políticas locales, profundamente asimilada por la cultura indígena de Oaxaca (Norget, 1997: 11). Esta forma de organizar la producción basándose en la integración de valores indígenas y cristianos (teología de la liberación), ha sido el pilar no solamente para la motivación campesina, sino además en términos de su imagen y prestigio frente a la opinión publica internacional (OIA’s, medios, academia y organizaciones de desarrollo). Por ejemplo, la FAO considera a la meta principal de UCIRI como “solidaridad y sustentabilidad enraizada en la cultura y en la producción de acuerdo a la sabiduría ancestral y a nuevas técnicas (orgánicas) con el fin de preservar sus suelos, agua, y su cultura” (FAO, 2002). El Movimiento por un Intercambio con Justicia (TJM)10. El Movimiento por un Intercambio con Justicia es una joven coalición de organizaciones británicas principalmente con base en Londres y fundada al final del año 2000. El TJM, de acuerdo a si mismos, “…hace campaña por un cambio fundamental en las reglas injustas del comercio y de las instituciones que gobiernan sobre el comercio internacional, de manera de que el comercio trabaje para todos” (TJM, 2002). La organización considera que las actuales reglas del comercio internacional causan un impacto negativo sobre la gente más pobre del mundo, el medio ambiente y la democracia. Sus 40 organizaciones abordan un amplio rango de cuestiones tales como la asistencia, el ambiente y las campañas de derechos humanos, el comercio justo, la fe y los asuntos del consumo. Juntos cuentan con una membresía de mas de dos millones de miembros (TJM, 2002). Entre los más influyentes de estos últimos se encuentran el World Development Movement (WDM), una organización de investigación y cabildeo con base en Londres que realiza campaña contra las causas que originan la pobreza; Christian Aid, una agencia de origen eclesiástico y de ayuda humanitaria con base en Inglaterra e Irlanda que financia proyectos en algunos de los países más pobres del planeta; Oxfam, una ONG de asistencia originaria de Oxford, quizás una de las mas grandes OSC’s del mundo; Amigos de la Tierra, la red internacional más grande de grupos ambientales en el mundo, representada por 68 países y uno de los grupos de presión ambientales más importantes en el Reino Unido; CAFOD, el brazo inglés y galés de Caritas Internationalis, una red mundial de asistencia católica y organizaciones de desarrollo; y una amplia gama
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Trade Justice Movement. TJM por sus siglas en inglés
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de OIA’s británicas como la Fair Trade Foundation, Banana Link, Traidcraft y el IFAT (TJM, 2002). Las raíces del TJM se pueden encontrar en el movimiento del Jubileo 2000, que fue lanzado de inicios a mediados de los 90’s, como “una campaña mundial para cancelar las deudas impagables de los países más empobrecidos del mundo en el alba del nuevo milenio” (Collins, Gariyo y Burdon, 2001: 135). El jubileo 2000 fue una llamada de las ONG’s de desarrollo, la Iglesia, y grupos de trabajo, en una movilización global de 60 campañas nacionales por el Jubileo, incluyendo 17 en Centroamérica y América Latina, 15 en África, y 10 en Asia. La preocupación por el problema de las deudas tiene sus orígenes en la primera gran crisis por la deuda en México en 1982, y se encuentra asociada al deterioro del sector social a raíz de los programas de ajuste estructural. Sectores como la Iglesia y las ONG’s para mayor equidad en el desarrollo económico comenzaron a sacar a la luz este asunto dentro de sus agendas particulares, lo cual proveyó a las fundaciones de un esfuerzo común transnacional, haciendo eco del llamado bíblico por un ”Jubileo”, para “barrer con todas las deudas cada 50 años” (Collins, Gariyo y Burdon, 2001: 136). La campaña del jubileo 2000 centró sus demandas en las causas y los efectos de la deuda, incluyendo, entre otros, préstamos irresponsables por razones políticas hechos por bancos y países, ó préstamos solicitados por regímenes antidemocráticos y represivos, y préstamos responsables por países que no podían sostener el reembolso de sus deudas debido a la inestabilidad económica y diplomática. Un argumento sostenido ha sido que el grueso de la población de los países pobres carga con la mayor parte de las deudas, pagando impuestos más altos, y siéndoles negado servicios públicos esenciales, de manera que el gobierno pudiera pagar a los acreedores extranjeros. Por otra parte, “...son los acreedores los que dictan los términos de la renegociación de la deuda y el reembolso de la deuda, sin ningún árbitro neutral” (Collins, Gariyo y Burdon, 2001: 136-137). La participación de organizaciones del sur en la campaña ha sido de importancia fundamental para redefinir metas y estrategias a la luz de sus experiencias en campañas nacionales. Por ejemplo, se realizaron reuniones de tipo sur-sur en 1999, donde recalcaron la importancia de “...consolidar los esfuerzos locales y nacionales en la práctica, así como los intercambios sur-sur”, en adición a la necesidad de contribuir con mayor liderazgo desde el sur a las campañas globales. A su vez se hace una rigurosa crítica de las inequidades al interior del movimiento, en donde los activistas de países del norte cuentan con mayores recursos que los activistas del sur en términos de acceso a financiamiento, equipo, habilidades técnicas elaboración de políticas globales, y encuentros internacionales entre otros, reflejando las “...históricas desigualdades entre el norte y el sur”. Los principales actores en el movimiento son “...un pequeño número de ONG’s capitalinas y grupos religiosos, algunos de los cuales carecían de fuertes lazos con los participantes de base” (Collins, Gariyo y Burdon, 2001: 143). Aunque el movimiento no era homogéneo, y tuvo que ocuparse de las diferencias internas entre sus participantes, los niveles de cancelación de deuda alcanzados por el Jubileo 2000 fueron más lejos de las expectativas iniciales de sus partidarios. Entre los principales logros se encuentran, en abril y septiembre de 1999 respectivamente, el compromiso de Canadá y Estados Unidos de cancelar el 100 por ciento de sus deudas bilaterales, y el ofrecimiento de los acreedores de realizar más cancelaciones de más de 100 billones de dólares posteriormente. Además, “...el FMI y el Banco Mundial acordaron a finales de 1998 diferenciar los servicios por pago de deuda por al menos un año para los cuatro países centroamericanos afectados por el huracán Mitch”, y Mozambique se añadió a principios del 2000 (Collins, Gariyo y Burdon, 2001: 140).
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Cerca del plazo del año 2000 para el logro de las metas del movimiento, algunos activistas visualizaron a futuro, pensando en el siguiente paso: el desafío de realmente involucrar a las comunidades de base en un autentico movimiento transnacional. Ellos consideraron el enlace clave entre la deuda y las cuestiones del comercio, dados los altos costos de los aranceles para los países en desarrollo, abriendo el campo para enfocarse en dicho tema en una futura campaña. Aunque había algunas diferencias de opinión entre los activistas sobre la viabilidad de ampliar el enfoque del movimiento, el Jubileo 2000 finalmente estableció las bases para el Movimiento del Intercambio con Justicia en el año 2000 (Collins, Gariyo y Burdon, 2001: 148). Actualmente, el TJM basa su campaña en la creencia de que “el funcionamiento y la legitimidad del sistema del comercio internacional se debe juzgar en lo referente a su capacidad para resolver la pobreza, la injusticia social y la degradación ambiental (TJM, 2002). Consideran que el sistema de comercio internacional puede y debe abordar opciones políticamente difíciles y complejas con respecto a la equidad, la sustentabilidad y la erradicación de la pobreza, en vez de perseguir exclusivamente la liberalización del comercio como un fin en si mismo (TJM, 2002). A su vez se ha desarrollado una crítica directa hacia la creciente importancia de la competitividad y el comercio en la toma de decisiones de la economía nacional, lo cual mina el desarrollo de la política ambiental y social en algunos países. El TJM apunta que el perseguir ideológicamente la competitividad por si misma, puede alentar una carrera hacia el fondo. Abroga a los gobiernos a priorizar la cooperación a través de procesos internacionales para manejar el comercio en aras del interés público (TJM, 2002). El TJM aclara que no asumen simplemente una posición en contra del comercio y el sistema de reglas que lo rodea. En su lugar, sugieren que el comercio tiene el potencial de ofrecer importantes beneficios sociales y ambientales, así como la liberalización y la regulación; pero todo ello requiere estar orientado hacia el alcance de tales metas reflejando los intereses de la sociedad civil, en vez de los de los actores corporativos. En este sentido, el comercio es un “medio para un fin”, más que un “fin” en sí mismo (TJM, 2002). Asimismo, el TJM precisa:
Apoyamos tener acuerdos internacionales en comercio. Las reglas internacionales se requieren para regular las acciones de los gobiernos y las compañías. Deben también reflejar los diferentes niveles de desarrollo de los países miembros de la OMC y proveer de mayor flexibilidad en las políticas para los mas pobres. Sin embargo, las reglas internacionales no deben prevenir la regulación nacional en el interés público. Tampoco deben de forzar relaciones de comercio “iguales”, entre desiguales. En vez de ello el principio de un tratamiento especial y diferenciado para los países en desarrollo debe se completamente incorporado en los acuerdos comerciales. Los gobiernos deben también desarrollar regulaciones internacionales obligatorias para las compañías (TJM, 2002)
Entre las estrategias adoptadas por el TJM se encuentra el Desfile por un Intercambio con Justicia el 3 de noviembre del 2001, en donde 8,000 gentes, de acuerdo con el WDM, marcharon junto a los flotadores con música samba en vivo y un monstruo gigantesco de 12 metros simbolizando el Acuerdo General sobre Comercio y Servicios (GATS por sus siglas en inglés) de la OMC, aterrorizando al agua, la educación, la salud, la electricidad y los servicios de transporte representados por participantes disfrazados. La procesión del carnaval a lo largo de las calles de Londres demandó que el gobierno británico “Hiciera al Comercio Mundial Trabajar por el Mundo Entero” (WDM, 2002). El 19 de junio del 2002, tuvo lugar el mas grande cabildeo masivo del parlamento hasta la fecha en Westminister por alrededor de 12000 activistas, de acuerdo a Christian Aid (sin fecha)
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y el diario The Guardian, cuando 320 MP’s fueron cabildeados por sus representados con la finalidad de “...hacer conciencia pública de la temática de justicia social planteada por el Jubileo 2000”. Los activistas fueron felicitados por los MP’s en un debate especial en la Casa de los Comunes, y fueron invitados a conocer al Primer Ministro Tony Blair, dándole el mensaje del cabildeo: que “los países pobres necesitan un tratamiento especial para se capaces de proteger a los comerciantes mas vulnerables y levantar nuevas industrias”. El presidente Thabo Mbeki de Sudáfrica telefoneó para agradecer a los miembros del Movimiento, y fue hecho patente también el apoyo del Arzobispo de Canterbury y de los obispos de la Iglesia de Gales (Christian Aid, s/f; Denny, 2002). 4. Consideraciones finales. Este trabajo ha explorado los puntos de la convergencia y divergencia del Movimiento por un Intercambio con Justicia y del mercado del Comercio Justo en países del “norte” y el proyecto campesino mexicano, a través del marco de los movimientos sociales transnacionales. Las iniciativas del norte aparecen como asumiendo un enlace natural de tipo narrativo con el carácter de base de la lucha de los productores de países “del sur” por condiciones equitativas para la comercialización. Otros trabajos han analizado la imparcialidad y la viabilidad del mercado comercial justo (Medina, 1997; Mace, 1998, pero los resultados son complejos y difíciles de reducir a una sola respuesta. Se ha criticado el modelo alternativo del mercado de café debido a que su inserción en las reglas del mercado dominante ha reproducido las relaciones económicas inequitativas por apoyarse muchas veces en el modelo de cultivos comerciales (cash crops) considerando al productor como un mero proveedor de materias primas y alimentos básicos a países desarrollados. Ha sido también criticado por reproducir las relaciones de poder norte-sur en los procedimientos de certificación (González y Linck, s/f); y por el limitado tamaño del nicho de mercado, disponible solo a un pequeño número de productores de países del tercer mundo. Por el otro lado se ha visto que el acceso al mercado del comercio justo provee de resultados muy deseables para los cafetaleros mexicanos (Mace, 1998), siendo considerado este sistema por algunos académicos como la opción más confiable para los cafeticultores, aún más que la producción orgánica (Bartra, Cobo, Meza y Paz, s/f). El mercado justo provee a los pequeños productores de café de mayor certeza y autonomía de intereses especulativos y corporativos, como demandaba la antigua divisa política campesina. No obstante, el enfoque de este análisis se orienta tanto sobre el grado de imparcialidad de la contribución de las OIA’s como en relación al mercado convencional. Dada la aparición de un movimiento europeo (el TJM) centrado en la crítica a la estructura macroeconómica del comercio internacional, el objetivo del trabajo es examinar el grado de relación existente entre este movimiento y el mercado del Comercio Justo. Se ha puesto atención no solamente en el actual involucramiento de activistas “del sur”, de campesinos de base e indígenas en el despliegue de sus estrategias y de su activismo político. En particular se ha examinado el grado en el que el mercado de Comercio Justo y el Movimiento por un Intercambio con Justicia encajan en el proyecto campesino mexicano. Los productores han resistido política, social, y personalmente la tradición autoritaria y corporativa del sistema político mexicano durante la mayor parte del siglo XX. El carácter dinámico del Comercio Justo y del TJM es considerado un sólido punto en común en términos históricos con el marco político y epistemológico de la lucha campesina. El trabajo se ha concentrado en tres preguntas principales. Primero, ¿es viable considerar a las actividades de las OIA’s como “Movimiento por un Comercio Justo”?, puesto que tanto las nuevas como las pasadas formas de acción colectiva proponen otras
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formas de hacer al comercio mas equitativo, tales como los movimientos campesinos mexicanos y el europeo TJM. En segundo lugar, ¿hasta que punto los movimientos del “norte” han establecido vínculos con los actores por quienes dicen abogar?; y finalmente, ¿hasta que punto los valores asumidos por las actores pueden ser vistos como una estrategia unitaria o un campo de lucha que permea las redes locales y globales, como medio, como fin, o como campo de encuentro entre dos racionalidades en oposición?. La actual literatura analítica considera al Mercado del Comercio Justo en términos de un Movimiento por un Comercio Justo, cuyos miembros tales como las Organizaciones de Intercambio Alternativo (cooperativas locales, tostadores, importadores, organizaciones certificadoras, y el conjunto de ellas en redes, federaciones etc.), los consumidores y en un menor grado los productores se encuentran jugando un papel activo. El primer punto a considerar es el uso del término “movimiento” sin abordar con mayor profundidad si el Mercado del Comercio Justo ajusta en la conceptualización de los Movimientos Sociales. No es la intención de este trabajo profundizar en torno a los elementos que conforman el MCJ, o contrastarlos con las definiciones disponibles del marco teórico de los Movimientos Sociales; en vez de ello se sugiere que existen mayor cantidad de actores que aquellos considerados en la primera versión del MCJ. En primer lugar, los campesinos de países del sur, han luchado por décadas en esfuerzos organizados por confrontar la pobreza, la represión, la exclusión, y en muchos casos la violencia y la humillación de los grupos dominantes en contextos nacionales, con la finalidad de alcanzar la autonomía del proceso de producción en el que ellos son los actores principales. El acceso a mercados en condiciones de equidad es una de las demandas mas apremiantes por un control auténtico de su reproducción social, cultural y política. Sus demandas por canales justos de comercialización los han forzado a crear sus propias estructuras de organización, en desafío al control corporativo y al aparato antidemocrático del partido-gobierno en el México pos-revolucionario. Se ha resistido la penetración del capitalismo en el campo, lo cual fue primero adaptado a formas locales y nacionales de control corporativo, y mas tarde a la ola neoliberal motivada por el Banco Mundial y el FMI, minando de esta forma las políticas sociales existentes y la estructura de tenencia común sobre la tierra en el corazón del campesinado mexicano. Por esta razón la organización política de los productores agrícolas y su inserción en el esquema del MCJ debe ser incluida en cualquier noción de Movimiento por un Comercio Justo. Esta es incluida en la definición propuesta por el TJM, la cual fue establecida por las ONG’s que combinaron sus esfuerzos para cabildear contra la forma en que las reglas del comercio internacional han sido configuradas, como parte de una movimiento mas amplio contra las políticas neoliberales globalizadas y contra la creciente influencia de los grandes capitales en la política internacional. El involucramiento desde las bases de las iniciativas civiles transnacionales entre los tres actores tratados aquí (Campesinos, MCJ, y el TJM) configuran una nueva conceptualización de MCJ. Parece haber mayor relación entre las iniciativas del norte entre sí (que cuentan en común con la presencia de OIA’s entre su membresía), que en su relación con el sur. La relación entre campesinos y OIA’s, establecida por el MCJ, se limita al numero de productores insertos en el nicho del Comercio Justo. En un grado menor parece haber conexiones entre el TJM y los actores del “sur”, limitado a las ligas particulares que los miembros que las OSC’s tienen con los países del tercer mundo de acuerdo a sus propias agendas. Un dialogo, debate o retroalimentación entre el MCJ y los movimientos de base del sur es un asunto clave que requiere de mayor atención. Estos grados de interrelación parecen limitados a intercambios directos entre activistas locales, o la participación de los representantes de movimientos sociales en el tercer mundo en encuentros y manifestaciones, tales como el Soweto Crisis Committee en Sudáfrica (Trevor Ngwane), y el Rally organizado por el WDM donde se hizo el lanzamiento oficial
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del TJM; la Red del Tercer Mundo en Penang Malaysia (Martín Khor), y la Africa Gender and Trade Network (Mohau Pheko), en la convención anual del 2002 del WDM; la Research Foundation for Science, Technology and Ecology en la India (Vandana Shiva), en el Rally de la WDM y el cabildeo masivo del Parlamento en junio 19 del 2002 (Lines, comunicación personal, agosto del 2002). Un creciente numero de movimientos de base e iniciativas ciudadanas al interior de los países en desarrollo están abordando el amplio espectro de la política económica como un factor critico en la problemática local. Es aquí donde la convergencia con los movimientos del “norte” debe buscarse, con la finalidad de construir canales de diálogo entre “norte” y “sur” que no reproduzcan las mismas inequidades internacionales que existen en las estructuras de los movimientos sociales. Estos tipos de lazos basados en cooperación, pudieran continuar el proceso iniciado por el MCJ, el cual en muchos casos aparece haber ayudado a los productores pobres a alcanzar lo que en sus pasadas luchas, al igual que los esfuerzos gubernamentales, no lograron: recompensar la producción campesina. ¿Acaso alguna vez imaginaron los campesinos que encontrarían precios justos provenientes de Europa para sus productos, en un ambiente globalizador y neoliberal, en lugar de hacerlo a través de políticas nacionalistas y proteccionistas?. Esta ironía pudiera ser causa de reflexión alrededor del papel que juega la movilización solidaria transnacional. En tercer y último lugar el papel de los valores ha sido subrayado como, primero, un campo de lucha, por que además de la batalla por los recursos físicos, y las estrategias políticas, existe una lucha conceptual por la prevalecencia de cierta visión del mundo, un desafío epistemológico que pugna por la dominación de un paradigma sobre otro a través del manejo y el uso de valores. Tales principios pueden servir tanto como estrategia para llegar a la conciencia de la opinión pública y de los tomadores de decisiones, o como el fin que motiva la movilización. En el caso de los Movimientos Transnacionales de Solidaridad tales como el TJM, se ha realizado una tentativa de reemplazar la penetración del capitalismo y los valores neoliberales tales como la competición, el esfuerzo individual, el éxito personal, la acumulación, el consumo por si mismo, la ley del mercado, la preeminencia de las mayorías, por mencionar algunos, con la adopción de términos opuestos tales como la solidaridad, la cooperación, la identidad, la substitución, la complementariedad, la reciprocidad, la afinidad, la restitución, el consumo conciente, la consideración por las minorías, la equidad, la autosuficiencia, y algunos otros. En este sentido parecería que los valores son parte de los movimientos sociales como un medio y como un fin. Como una estrategia para convencer, y como una meta en sí misma. En el caso del Comercio Justo se puede distinguir un tipo de retroalimentación en el uso de ciertos valores compartidos por las políticas de las OIA’s y los productores campesinos. Por ejemplo, la idea de la producción orgánica emergió en respuesta a los efectos perjudiciales de los agroquímicos sobre la fertilidad de largo plazo de los suelos, y el conocimiento de ella esta basado en un conjunto de habilidades técnicas poseídas por agrónomos y otros técnicos profesionales. Sin embargo, ello no contradice el conocimiento ecológico tradicional de los grupos indígenas para quienes la revolución verde no representó ninguna alternativa viable a los ancestrales sistemas agrícolas que aún persisten. Lo mismo aplica al resto de los criterios establecidos y requeridos por las agencias de certificación del Comercio Justo, tales como la organización democrática (que es comúnmente llevada a cabo por muchos grupos indígenas de México, especialmente en Oaxaca a través de sus sistemas de organización política de usos y costumbres, a pesar del esquema de relaciones patrón-cliente impuesto por el gobierno post-revolucionario durante la mayor parte del siglo 20).
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Sin embargo los criterios del Comercio Justo que concuerdan con los principios y demandas de los productores indígenas, tales como la democracia participativa, el uso sostenible de los recursos naturales, mejores condiciones de producción, acceso a los mercados y asistencia técnica, etc, están muchas veces enmarcados por demandas políticas mas amplias de autonomía, auto-determinación, reforma agraria, soberanía alimentaria entre otros, que no han sido abordados por el modelo del MCJ. Aquí yace la importancia de superar los esfuerzos por un Comercio Justo de países del “norte”. Sin embargo, un enfoque de tal envergadura podría adoptarse también en contra de las prácticas oligárquicas al interior de los grupos indígenas y de sus propios movimientos políticos. De la misma manera, la presencia de las Iglesias (en toda su variedad de denominaciones) es altamente visible en la formación y adopción de valores morales al interior de los movimientos transnacionales y de base. Las Iglesias han sido consideradas como uno de los primeros movimientos transnacionales que han existido, y su experiencia en moverse a través de canales políticos y en acercarse al corazón de las comunidades locales, pobres, excluidas y/o indígenas no debe ser soslayado. Su trabajo ha sido relevante para el lanzamiento de UCIRI en Oaxaca México (ej. el trabajo de los misioneros), el TJM (Christian Aid, CAFOD, la Iglesia Reformada Unida, el Fondo Metodista de Alivio y Desarrollo, por mencionar algunos), y el Mercado de Intercambio Alternativo (el antes Comité Central Menonita, Comercial Oxfam, Max Havelaar por mencionar algunos). Así, su contribución en la adición de valores al contexto de los movimientos sociales, se añade a los valores tradicionales de las comunidades indígenas, los valores humanistas de las organizaciones occidentales y su membresía, y la oposición a la dominación de valores capitalistas occidentales. En este sentido un movimiento social valido difícilmente puede ser imaginado sin un involucramiento con las bases, y sin blandir valores que sostengan epistemológicamente sus demandas. De esta forma, un modelo basado en un código de ética realmente interiorizado será mas viable que reemplace a un modelo basado en egoísmos corporativos. Acrónimos ARIC: Asociación Rural de Interés Colectivo ATO’s: Alternative Trading Organisations CCI: Central Campesina Independiente CEC: Centro de Educación Campesina CIO: Coffee International Organization CIOAC: Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos CNC: Confederación Nacional Campesina CNPA: Coordinadora Nacional Plan de Ayala COCEI: Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo de Tehuantepec CONACYT: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología EFTA: European Fair Trade Association EZLN: Ejercito Zapatista de Liberación Nacional FAO: Food and Agriculture Organisation FLO-Int: Fair Trade Labelling Organisations International FT: Fair Trade IFAT: International Federation of Alternative Trade IMF: International Monetary Fund ISMAM: Indígenas de la Sierra Madre de Motozintla MULT: Movimiento Unificado de la Lucha Trique NAFTA: North American Free Trade Agreement
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NGO’s: Non Governmental Organisations NSM’s: New Social Movements PAN: Partido Acción Nacional PCM: Partido Comunista Mexicano PRI: Partido Revolucionario Institucional PRONASOL: Programa Nacional de Solidaridad PSUM: Partido Socialista Unificado de México RMT: Resource Mobilisation Theory SM’s: Social Movements TJM: Trade Justice Movement TSMO’s: Transnational Social Movements UCIRI: Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo UCIZONI: Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo U.K.: United Kingdom UN: United Nations UNORCA: Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas y Autónomas WTO: World Trade Organisation Bibliografía. Álvarez, S.E; Dagnino, E; and Escobar, A.(1998). ‘Introduction: the cultural and the political in Latin American social movements’. En: Álvarez, S.E; Dagnino, E; and Escobar, A. (eds). Cultures of politics, politics of cultures: Re-visioning Latin American social movements. Boulder: Westview Álvarez, S.E; Dagnino, E; and Escobar, A. (eds) (1998). Cultures of politics, politics of cultures: Re-visioning Latin American social movements. Boulder: Westview Baglioni, S. (2001). ‘Solidarity movement organizations. Toward an active global consciousness?’. En: Giugni, M; and Passy, F. (eds). Political altruism?. Solidarity movements in international perspective. Oxford: Rowman and Littlefield publishers Inc. Barrat, M. (1993). Fair Trade. Reform and realities in the international trading system. London: Zed Books. Bartra, A; Cobo, R; Meza, M; and Paz, L. (n/d). Sombra y algo mas. Hacia un café sustentable mexicano. From: http://www.GrupoChorlavi.org/cafe/documentos.php Beekman, B. (1998). ‘Fair Trade and trade development’. En: ILEIA newsletter, December. Blauert, J. and Zadek (eds). (1999). Mediación para la sustentabilidad: Construyendo políticas desde las bases. Mexico, D.F.: British Council/ Institute of Development Studies at Sussex/CIESAS/ Plaza y Valdes Editores. Blauert, J. and Sesia, P. (1998). Medio ambiente, economía campesina y desarrollo sustentable: Éxitos, fracasos y perspectivas. Oaxaca, México: CIESAS/Campo/ Grupo Mesófilo. Blauert, J; and Guidi, M. (1992). ‘Strategies for autochthonous development: two initiatives in rural Mexico’. En: Ghai, D; and Vivian, J. (eds). Grassroots environmental action: Peoples participation in sustainable development. London: Routledge.
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